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REALISMO Y NATURALISMO
La novela naturalista
1. El
Naturalismo literario
Entendemos por “Naturalismo” una técnica que se aplicó a
la novela del siglo XIX y que consiste en extremar los
recursos de la novela realista. El escritor no debe
interpretar la realidad, sino que debe limitarse a dar
fe de ella. Hay un ideal de objetividad e impersonalismo
del autor.
El Naturalismo fue sobre todo un movimiento literario
francés, con Emilio Zola como gran teórico y creador. La
causa principal del nacimiento del Naturalismo se
encuentra en el desarrollo de la filosofía positivista
en Francia durante la primera mitad del siglo XIX,
surgida al calor de la Revolución industrial y el auge
de las ciencias experimentales (que otorgó a los
intelectuales de la época una fe ilimitada en la ciencia
y en sus resultados como eficaz respuesta a los
interrogantes de la vida humana). Desarrollada
principalmente por Augusto Comte (1798-1857), sostenía
que son hechos positivos todo lo que puede captarse por
los sentidos y someterse a comprobación.
El Naturalismo literario aprovechará todas estas ideas
cientificistas para, considerando la novela como si de
un “laboratorio científico” se tratase, experimentar
acerca de la condición humana a través de los distintos
personajes, e indagar así en su psicología.
2. El
Naturalismo en España
En España habrá una adaptación más o menos libre de
todas estas ideas naturalistas. Hacia 1884 hay algunos
principios que son aceptados por los novelistas:
– La novela es concebida como un instrumento de estudio
serio de la realidad
– Lo fundamental será la realidad misma de la
representación narrativa
– Se hace observación de la realidad a partir del acopio
de datos recogidos sobre el terreno
– Las novelas naturalistas están perfectamente
localizadas en un tiempo y lugar reales
– Los personajes son resultado del ambiente y el momento
histórico que viven
– Estilo cercano al pueblo, con libertad para utilizar
registros hasta ahora vedados, sin llegar a lo soez
– Continuos comentarios hacia los lectores dentro de la
narración, con moralejas o en clave de humor
– Simpatía por el krausismo y su armonía entre realismo
y espiritualidad
3.
Principales autores de novela naturalista en España
La defensa del Naturalismo en España sobre todo corrió a
cargo de la autora gallega Emilia Pardo Bazán, con obras
teóricas como La cuestión palpitante (1883), además de
su propia producción literaria. Además de ella y de
Galdós en su segunda etapa, otros autores se adhirieron
también a los postulados de la escuela naturalista.
3.1. Emilia Pardo Bazán (1851-1921)
Nacida en La Coruña, era hija de los condes de Pardo
Bazán, título que heredaría en 1890. Recibió los
estudios elementales propios de una mujer de su
condición social, pero su avidez por saber y una
autodisciplina autodidacta y sistemática hicieron que se
convirtiera en una mujer culta y experta en diferentes
disciplinas humanistas. En 1868 se casó con José Quiroga
y el matrimonio se trasladó a vivir a Madrid, desde
donde hacían frecuentes viajes por Europa que reflejaría
en diferentes obras. En 1876 doña Emilia publicó su
primer libro, Estudio crítico de Feijoo, y una colección
de poemas, Jaime, con motivo del nacimiento de su primer
hijo. Su primera novela, Pascual López, autobiografía de
un estudiante de medicina, la publica el año del
nacimiento de su hija Blanca, en 1879. La publicación de
la novela Viaje de novios (1881), según algunos
críticos, la primera novela naturalista española, aunque
la autora lo negara, fue el año en que nació su tercera
y última hija, Carmen. Una hepatitis la lleva al
balneario de Vichy, en 1880, donde coincide con el
escritor francés Victor Hugo y mantienen largas
conversaciones sobre literatura que le hicieron variar
el rumbo de su escritura. Mujer muy culta y de vigoroso
talento, entre 1891 y 1893 publicó la revista Nuevo
Teatro Crítico, redactada por ella en su totalidad. En
1896 viaja a París y allí conoce a Émile Zola, Alphonse
Daudet y los hermanos Goncourt; fue también por esa
época cuando leyó a los novelistas rusos que tanto
influirían en su obra. Activista feminista, desde 1916
hasta su muerte fue profesora de Literaturas románicas
en la Universidad de Madrid, cátedra que se creó para
ella.
Después de La tribuna (1883), novela proletaria que
tiene como protagonista a una obrera de la Fábrica de
Tabacos de La Coruña, encontró el medio más apropiado
para su naturalismo en el campo gallego, donde sitúa la
acción de su obra más típica y estimada, Los pazos de
Ulloa (1886). Historia y naturaleza, religiosidad
medieval y paganismo, violencia y sensualidad,
feudalismo y barbarie, ciudad y campo, son los elementos
temáticos que la novelista combina en un panorama muy
bien trabado de la vida rural gallega, en la que
intervienen también factores económicos, políticos y
eclesiásticos. Otras obras serán La madre naturaleza
(1887); Insolación y Morriña (ambas de 1899), que
suponen el final de su periodo naturalista; La quimera
(1905) y La sirena negra (1908), con influencia de la
novelística rusa. Su labor como crítica también fue
importante: La cuestión palpitante (1882-1883), la
colección de artículos en los que trata de explicar su
posición ante el naturalismo, provocó un fuerte debate.
También fue autora de unos quinientos relatos breves.
3.2. Leopoldo Alas “Clarín” (1852-1901)
Nacido en Zamora, pasó su infancia en León y Guadalajara
debido al cargo de gobernador civil que por entonces
desempeñaba su padre. El bachillerato lo estudió en
Oviedo (Asturias) y después marchó a Madrid a estudiar
Derecho, donde entró en contacto con la vida literaria y
artística. Se sintió inclinado por el krausismo que
conoció por Francisco Giner de los Ríos y empezó a
escribir para diversas revistas. Una vez doctorado
obtuvo la cátedra de Derecho Canónigo en Oviedo en 1883,
a donde regresó de nuevo y donde permaneció hasta su
muerte. “Clarín”, pseudónimo que utilizaba, es un
intelectual preocupado por conjugar el idealismo con la
filosofía positivista y la búsqueda del sentido
metafísico o religioso de la vida. Gran analista y
perfeccionista que persigue el detalle, entiende la
literatura como un trabajo constante y minucioso de gran
contenido ético; su método es la prospección positivista
propia del realismo y del naturalismo. Chocó con su
época por su mordacidad, por sus críticas literarias
despiadadas, producto de su misión docente: pretendía
elevar el nivel cultural de su país y por lo tanto
censuraba el mal gusto y la vulgaridad. Entre sus
grandes obras críticas figuran los Solos de Clarín
(1881) y Galdós (1912), la obra sobre el otro gran
novelista del siglo XIX y que todavía se considera un
libro fundamental sobre la obra galdosiana. Escribió
también cuentos y dos grandes novelas, La regenta (1885)
y Su único hijo (1890), en las que plantea el tema del
adulterio.
La regenta es la obra cumbre de Clarín y en ella trata
la infidelidad de una manera como jamás antes se había
hecho en la literatura española, si bien el realismo
europeo había desarrollado un argumento semejante en
algunas obras. En la novela, la joven, bella,
provinciana e inexperta Ana Ozores se casa con Víctor
Quintanar, ex-regente de la audiencia de Vetusta (ciudad
inventada pero que en realidad es Oviedo), hombre
bondadoso, aburrido y mucho mayor que ella. Ana se
siente cada vez más frustrada y abatida y se convierte
en presa del donjuan provinciano don Álvaro y de su
propio confesor don Fermín de Pas, hombre de orígenes
humildes, soberbio y ambicioso. Ana cae en los brazos de
Álvaro, pero esto no era lo que preocupaba especialmente
al autor. Él se fija en el escenario: Vetusta que asiste
como un coro a todo lo que se va desarrollando. Además
plantea una lucha entre Fermín y Álvaro por la posesión
física de Ana como una lucha entre los dos poderes de la
ciudad: la iglesia más retrógrada y el caciquismo teñido
de liberalismo. El final es la degradación más absoluta
de los protagonistas: el regente muere a manos de Álvaro
en un duelo esperpéntico, Álvaro huye de una manera
cobarde dejando clara su ruindad, la ambición de Fermín
se manifiesta como la ausencia total de escrúpulos y
moral, y Ana, la intocable regenta, se encuentra con "un
beso viscoso" del ser más despreciable de la ciudad. En
toda la obra se ve claro el sentido crítico y moral de
Clarín y las censuras que recibió fueron tantas que, tal
vez por eso, en obras posteriores no llegó tan lejos.
3.3. Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928)
Nacido en Valencia, en sus años de juventud se adhirió
al movimiento republicano y fue editor del diario
antimonárquico El Pueblo. En 1896, fue arrestado por sus
actividades políticas y condenado a dos años de trabajos
forzados. Blasco Ibáñez fue posteriormente (1898-1907)
diputado del Partido Republicano en el Parlamento
español. Sus novelas, que contienen descripciones vivas
y realistas de la vida en su Valencia natal, adquirieron
más fama fuera de España que en su propio país. Su
primera obra de éxito fue La barraca (1898), una novela
que denunciaba la injusticia social en la Valencia
campesina. Otras de sus obras de carácter regional,
donde se describen y denuncian las condiciones de vida
de los huertanos, pescadores y pequeños comerciantes
valencianos, son: Entre naranjos (1900); Cañas y barro
(1902), quizá su mejor obra, ambientada en la albufera
de Valencia; La Catedral (1903), con clara influencia de
Zola; y Sangre y arena (1908), sobre el mundo de los
toros. Con Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916),
novela de diversos temas filosóficos y culturales y
centrada en la guerra europea, llegó con gran éxito al
público norteamericano.
3.4. Armando Palacio Valdés (1853-1938)
Nacido en Entralgo (Asturias), estudió Bachillerato en
Oviedo donde intimó con Clarín, Tuero y Rubín con
quienes, en 1870, partió hacia Madrid para estudiar
Derecho. Llegó a ser director de La Revista Europea.
Ingresó en la Real Academia Española en 1906.
Empezó a escribir en la década de los años 80, aunque,
igual que le ocurriera a Emilia Pardo Bazán, intentó
buscar nuevos caminos en el ámbito del realismo. Por
ello, su obra carece de unidad. Publicó novelas
naturalistas, realistas, psicológicas, dualistas, etc.
Sin embargo, a lo largo de su extensa obra se va
perfilando un mundo personal. En sus comienzos
novelísticos, Palacio Valdés siguió los pasos de Pereda
en lo que se refiere a las descripciones de paisajes y a
la presencia de la naturaleza en su obra. Los tres
títulos más significativos de esta primera manera de
escribir son El señorito Octavio (1881), Marta y María
(1883) y José (1885). Pronto comenzó el escritor su gran
obra autobiográfica: Riverita (1886) y Maximina (1887),
una sola acción en dos títulos. En ambas novelas aparece
ya la intención de pintar personajes y ambientes, con
una cierta despreocupación por la trama de la obra.
Las novelas que continúan la trayectoria de Palacio
Valdés muestran al escritor como un humorista amable,
con poca intención crítica, y muy leído y traducido en
Inglaterra. Son El cuarto poder (1888), La hermana San
Sulpicio (1889), Los majos de Cádiz (1896) y algunas
obras más. Posteriormente se percibe la influencia del
naturalismo. Escribe tres novelas en las que, alejándose
del humorismo, pinta con negros colores algunas escenas
de la alta sociedad: La espuma (1891) donde aparece esta
clase social como escandalosa, La Fe (1892), centrada en
el problema de la religión católica y El Maestrante
(1893), en la que se narra un adulterio con trágico
final. En 1909 intenta la novela idílica, al estilo de
Pereda, con La aldea perdida, pero el idilio no acaba
bien y parece una novela de tesis.
Con el tiempo se irá afirmando la novela autobiográfica,
o del realismo subjetivo: El origen del pensamiento
(1893); Los papeles del doctor Angélico (1911) y La
juventud del doctor Angélico (1918). Se completa la
autobiografía con La hija de Natalia (1924).
Palacio Valdés, igual que otros narradores de su misma
generación, publicó excelentes cuentos, algunos de los
cuales agrupó en colecciones: Aguas fuertes (1884),
Cuentos escogidos (1923), Tiempos felices (1933) y otros
títulos.
En cuanto a su labor periodística, sus artículos se
recogieron en tres volúmenes: Los oradores en el Ateneo;
Los novelistas españoles, ambos de 1878; y Nuevo viaje
al Parnaso, de 1879, recopilados posteriormente en el
volumen Semblanzas literarias. En 1881, apareció La
literatura de 1881, colección de artículos en
colaboración con Clarín.
Ediciones
• Emilia Pardo Bazán, Los pazos de Ulloa, Madrid,
Cátedra (edición de Mª Ángeles Ayala).
• Leopoldo Alas “Clarín”, La Regenta, Madrid, Cátedra
(edición de Juan Oleza, dos tomos).
• Vicente Blasco Ibáñez, Cañas y barro, Madrid, Alianza
Editorial.
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