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CONVENTO DE LAS BERNARDAS
Recomendaciones para el profesor:
· Es importante salir a las 5:45 horas de la Escuela porque la visita empieza a las 18:00.
· De camino a la visita podemos pedir al alumno que imagine cómo será el edificio que se va a visitar: función, época, dimensiones, historia, etc.
· La visita suele durar de 30 a 45 minutos y en caso de que sobre bastante tiempo se puede dar un paseo por el palacio arzobispal, edificio emblemático por ser la sede episcopal de del arzobispado de Toledo desde el SXII hasta 1812 fecha en la que se celebraron las Cortes de Cádiz.
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Dando un paseo por sus patios podemos observar a las cigüeñas de la ciudad, ave muy preciada en la misma. Se puede decir que son 40 las parejas de esta especie que planean por nuestra ciudad. Junto con el cernícalo primilla es el pájaro más destacado de la ciudad complutense.
El Convento de las Bernardas.
Más
conocido como "las Bernardas de Alcalá",
preside este convento la plaza de San Bernardo, que con sus edificios
colaterales del Palacio Episcopal y el Museo Arqueológico,
forma uno de los entornos más evocadores del viejo Alcalá
barroco. La fachada del templo se hace difícil de ver en
su conjunto, pues una tupida vegetación, de la que sobresalen
algunos abetos gigantes, la oculta. Sin duda este convento es el
más hermoso, curioso y valioso de todos los edificios religiosos
de la ciudad.
Fundado por el arzobispo toledano y señor
de la ciudad, a comienzos del siglo XVII, Bernardo de Sandoval y
Rojas. Con objeto de tener anexo a su palacio a través de
pasadizos y tribunas, se creó un templo de su gusto para
albergar a 24 monjas cistercienses, todas ellas pertenecientes a
la familia del fundador, más seis freilas que fueran a su
vez familia de sus criados. Hubo de derribarse para su construcción
una gran parte del antiguo barrio morisco de la Almaxara, y se circuyó
por el norte con la muralla de la ciudad, englobando la puerta de
Burgos, que se sustituyó por el actual arco de San Bernardo.
Forma un eje rectilíneo, de sur a norte, en el que se sucede
la plaza pública que preside, la iglesia, la clausura, los
patios o claustros, y la huerta.

La portada es solemne en
su grandiosidad y amplitud. Como todo lo complutense se forma de
paramentos de ladrillo con detalles ornamentales en piedra caliza
blanca. Tres cuerpos lo forman, divididos por impostas de piedra.
En el inferior, tres puertas, de las que solo la central accede
al templo, y las laterales darían paso a capillas laterales.
Sobre la imposta aparecen en letras capitales romanas las palabras
que explican que el fundador fue doctor por Alcalá, arzobispo,
cardenal, inquisidor general y fundador de este convento en 1618.
En el segundo cuerpo hay una hornacina central con escultura de
San Bernardo (probablemente del escultor portugués Pereira) escoltado de dos óculos
ovalados enrejados y de otros tantos escudos del fundador, tema
que se repite, aún más rico en ornamentación,
en el tercer cuerpo, que se escolta de sendos alerones, y remata
en frontón triangular con óculo central y pináculos
de bolas.
La
iglesia es lo más interesante. Se trata de un templo
de nave única y planta elíptica, con una cubierta
de cúpula del mismo trazado, decorada con figuras geométricas.
En aquella época se encontraba decorada emulando a la bóveda celeste, azul con estrellas y cuatro medallones que guarecían a los 4 padres de la iglesia. Es la cúpula más grande de Europa y cuando fue construida era tal su dimensión que el arquitecto no se atrevía a quitar los andamios. Un día se decidió a quitarlos pero dejó tal encargo a sus trabajadores marchándose él de la ciudad por miedo a su derrumbe. En sus muros se abren seis capillas, cuatro de ellas también de planta elíptica, con diferentes tamaños de sus portadas. Sobre el muro alto se abren balcones coronados del escudo del fundador, donde las monjas no se ponían a oir misa porque eran de clausura y no podían ser vistas o los invitados que acudían a las solemnes celebraciones de este convento. Desde las capillas que hay junto a la fachada, se accede por pasadizos estrechos hasta el presbiterio.
Éste ofrece otras características singulares:
no tiene retablo, sino un baldaquino central, lujosamente tallado
y policromado en madera, con múltiples arquitecturas y tallas
de santos originales del taller de Giraldo de Merlo. El tabernáculo
interior centra este baldaquino que es de cuatro caras (a cuatro
faces) lo que permitía celebrar cuatro misas al mismo tiempo.
Semeja un templo que, como si fuera una maqueta del que lo alberga,
es de planta y cúpula elíptica. Cuando el cura daba la misa en latín el pueblo no entendía nada pero no era importante entender porque lo más destacado era ser vistos por el cardenal desde su balcón y asistir a la consagración. En este momento el cuar levantaba el cáliz y el sol entraba por los ocultos haciendo que este resplandeciera a la vez que el baldaquino. Esto cegaba a los asistentes. A la vez las monjas cantaban, sin ser vistas, y tiraban pétalos de rosa desde la linterna. Esto hacía que el pueblo pensara que se había producido un milagro y que no tuvieran necesidad al salir de la iglesia de buscar amparo en otra religión porque habían participado de del milagro de la misa. Esto es lo que hace a este edificio ser uno de los más importantes de Alcalá, las misas barrocas que en él se practicaban.
Los muros del presbiterio están cubiertos
por multitud de pinturas que, al igual que las que decoran las capillas
laterales del templo, fueron ejecutadas en el siglo XVII por el
italiano Angelo Nardi, pintor de cámara de Felipe III, y
entonces de lo más cotizado en punto a temática religiosa,
por su originalidad y calidad. Fue uno de los pintores más importantes de la época pero eclipsado por Velázquez. El color del barroco se expresa con amplitud en esta impresionante colección de pintura, que constituye por sí sola un museo, pues ha sido catalogada como lo mejor que hizo en su vida este artista.
En
la clausura se encuentra el claustro, enorme de
dimensiones, con pilastras de planta cuadrada, de piedra, en su
nivel bajo, y paramentos cerrados de ladrillo, con ventanales, en
el alto, marcando un arquetipo de arquitectura claustral complutense.
Múltiples salas, algunos patios, una huerta.... conforman
este enorme convento, en el que además se guardan colecciones
densas de obras de arte barroco español, entre ellas muebles
de ricas maderas, casullas, piezas de orfebrería, el sillón
del cardenal Sandoval y la arqueta de Carlos V en la que reposaron
muchos años los restos del Cardenal Cisneros: está
realizada en madera de ébano y recubierta de placas de plata
representando escenas militares en que intervino el Emperador. También aquí podemos encontrar un facsímil de la obra religiosa más importante del momento, la Biblia Políglota Complutense, formada por 6 volúmenes: los 4 primeros pertenecientes al antiguo testamento, el quinto al nuevo y el sexto de vocabulario. Actualmente existen 2 copias originales en Alcalá, una en el Palacio Laredo y otro en el Ayuntamiento.
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