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LA MOVIDA


Se celebran los 25 años de la movida, que supuso una explosión cultural y un momento de la reciente historia de España tremendamente fértil y productivo. La ciudad de Madrid se convirtió en esos años en el centro de todas las miradas.

Rescatar y celebrar la movida en su 25º aniversario no es tarea fácil, aunque en principio lo pueda parecer. Algunos de los protagonistas de entonces prefieren hoy no recordar y marcar distancias; otros aún en activo prefieren referirse sólo a su obra actual y demarcarse de aquellos momentos.

Alaska, protagonista de primer orden de la movida, es de las que pone los puntos sobre las íes y aclara los tópicos y mentiras que suelen decirse. Nacho Canut, su compañero en Fangoria, es más frívolo y hasta le divierten los tópicos. En palabras de la propia Olvido: “Madrid no se llenó de punkis y new romantics cuando Tierno Galván era alcalde”.

Uno de los tópicos más repetidos por parte de muchos, quizás interesadamente, es el del supuesto origen municipal y socialista de la movida. Para los que estuvieron allí se trata de un sin sentido y alegan que no hubo respaldo ni ayuda oficial a principios de los 80 ni después. La mayoría de las personas de izquierdas contemplaban con cierta desconfianza aquel despuntar cultural. Negando la letra de una canción posterior, no fue una “movida promovida por el ayuntamiento”.

El verdadero motor fue una generación que llegó a la mayoría de edad con ganas de disfrutar de la libertad de la democracia y que en ese camino fue animada y alentada por sus adultos. Cuando la movida empezó a ser conocida y reconocida artística y sociológicamente, las diferentes administraciones, desde la local a la estatal, se subieron al tren. En 1984 hubo una exposición titulada, Madrid, Madrid, Madrid, en el Centro de la Villa, cuando apenas la movida estaba en pañales. Es famosa la frase del entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, de “a colocarse, y el que no esté colocado, que se coloque”, durante un festival de música en el Palacio de Deportes.

A principios de los 80, estamos hablando de 1984 o 1985, la movida ya tenía resonancia, y casi reconocimiento, internacional. Pedro Almodóvar, sin ir más lejos, había puesto en boca de uno de los personajes extranjeros de su Laberinto de pasiones, la frase de que Madrid era “la ciudad más divertida del mundo”. Este tipo de afirmaciones, junto con otras muchas, fueron creídas a pies juntillas por muchos países de Occidente y la afluencia de periodistas, televisiones y demás fue una de las más numerosas de la reciente historia de España.


Nadie por entonces se atrevía a atacar a la movida ni a alzar su voz contra ella, incluso personas de ideología totalmente opuesta, hasta periódicos conservadores como Abc llegaron a tener su suplemento dedicado a la movida. Es necesario que pasen los años, con la derecha (Partido Popular) gobernando el ayuntamiento para que aparezcan los ataques y rencores. Algunos de sus más altos representantes en el gobierno municipal llegaron a hablar de la movida como un espejismo, como algo que se desvaneció, etéreo y que había que enterrar, algo de lo que no quedaba ni un resto, nada.

Suele suceder que cuando las etapas o momentos pasan, es cuando llegan las críticas y los ataques, y así ha sido en lo referente a la movida. El mismo alcalde de la ciudad de Madrid diría de su antecesor en el puesto que su pecado era haber apoyado la movida. A esta visión revisionista de algunos se unieron otros tantos arrepentidos, además, muchos otros de los que estuvieron allí se desentendieron y prefirieron mirar al presente o al futuro; en cierto modo, podemos decir, la movida se fue quedando sin nadie que sacara la cara por ella. También hay que decir, que dentro mismo del movimiento cultural y artístico que conformó la movida las diferencias y las barreras eran muchas. Unos eran los modernos, por decirlo de alguna manera, tenían modos gay y ambigüedad sexual. Querían saberlo todo y acceder a todo, estaban al tanto de modas de Londres o Nueva York que se dedicaban a imitar, tenían relación con el mundo del cine y del arte, por ejemplo, cuando Andy Warhol visitó Madrid, todos se fotografiaron junto a él aunque sólo a Miguel Bosé inmortalizó con sus pinceles.

Estos llamados modernos cumplieron con los supuestos principios de la movida, que serían: la interacción entre las artes, el cosmopolitismo, la supresión de tabúes sexuales, el desprecio de la santurronería progre. Pero les perdía su elitismo. Musicalmente, los modernos se vieron desbordados por los grupos pop. Lo fantástico y extraordinario de la movida fue la proliferación de ideas, propuestas e iniciativas. El fenómeno de la movida empezó a extenderse a otras ciudades del país, en todos los lugares se adaptaban modelos y estilos como el tecno, el rockabily, el afterpunk, el rock gótico, el funk-pop, el reggae. Esclarecidos, un grupo formado por arquitectos, proponía textos y letras urbanas con fondo de jazz.

Servando Carballar, trabajaba con el proyecto que iba a ser Aviador Dro. Radio Futura es la manifestación más evidente de la maduración y perduración de algunos miembros y principios del movimiento. Queriendo ser pop adolescente y siendo pop art tuvieron que recomponerse en rock. Éxitos suyos fueron Divina y Enamorada de la moda juvenil. Con el tiempo Radio Futura se convertiría en una banda de ideas empeñada en la recuperación de la cultura urbana. Como estamos viendo, la música fue la manifestación cultural más importante, podríamos decir, de la movida, pero no sólo, ya que otros campos dentro de la creación también tuvieron un auge importantísimo.

La música superó algunos años difíciles con la creación y fusión de algunos sellos discográficos como DRO y Gasa. Es el caso de la fotografía, con artistas tan importantes como Alberto García-Alix o la archiconocida Ouka Leele; y los diseñadores de moda como Antonio Alvarado. No fue el caso del cine ni de la novela, por poner un ejemplo. En la movida también hay lugar para la pintura, como por ejemplo Guillermo Pérez-Villalta, Herminio Molero, Costus o Ceesepe, que venía del mundo del cómic, que tuvo en Madriz su revista más emblemática. La misma movida generó el surgimiento de revistas dedicadas a ella y de multitud de fanzines.

La pregunta que cabe hacerse es por qué desapareció la movida de forma tan vil a mediados de los ochenta. Unos dicen que murió a causa de su propio éxito, otros que el dinero y las multinacionales impusieron su ética, pero sea cual sea la causa, la realidad es que, por ejemplo, los grupos de música del momento fueron cambiando los pequeños abres y clubes en los que daban sus conciertos por grandes espacios. Poco a poco fueron desapareciendo lugares (Rock Ola en el 85), revistas, programas de televisión, etc, hasta que el sueño colectivo de la movida se fue difuminando hasta desaparecer.

Hay que decir, concluyendo, que la movida fue una celebración del hedonismo para todos los que participaron de ellas ya fueran de una u otra generación; para unos era el momento de disfrutar y gozar de todo lo que la dictadura había prohibido, para otros, era el derecho de hacer con su cuerpo, su mente y su vida lo que les viniera en gana. Sin embargo, hoy, la sombra de los que desaparecieron con ella o posteriormente siguieron desapareciendo se cierne sobre el aura de maravilla cultural y colectiva de la movida. José Enrique Cano, Canito, baterista de Tos (luego, Los Secretos), Enrique Urquijo, que apareció muerto en un portal de Malasaña, los hermanos Haro Ibars, Eduardo Benavente, Ulises Montero, etc. son algunos de los nombres de los tantos desaparecidos, no importa ya si se trató de muertes naturales, accidentes, el sida, las drogas, da igual; si acaso decir que el carpe diem del momento histórico y el tiempo de la movida pudo suscitar ese romántico enloquecimiento colectivo que terminó arrastrando a algunos. La muerte que se ensañó es verdad con el mundo de la música, pero que también llamó a la puerta del cine, las bellas artes o la moda. Todos fueron una generación vulnerable.

La movida desapareció, aunque hubo tontos intentos en los 90 de resucitarla nostálgicamente, pero ya no era posible, no era el momento cuando ya el individualismo de los que estuvieron allí y sus intereses pesaban más que el valor contrarreformista que la actitud vital de su protagonistas y sus manifestaciones artísticas

Texto adaptado para estudiantes de E /LE de EPS (El País Semanal) del día 1 de mayo de 2005