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Excursión a Madrid

1. Localizacion

Al mirar en un mapa la Comunidad de Madrid, resulta así como un triángulo equilátero, en cuyo centro se hallaría la ciudad. Parece que los límites de geográficos resultan de considerar los elementos naturales: por un lado, el sistema central, por otro el deseo de incluir el Real Sitio de Aranjuez (lo que llevó a extenderlo hasta el tajo), y finalmente el tercer lado del triángulo, que resulta de la ruptura de las cuencas fluviales y otras unidades geográficas.

La Comunidad de Madrid ocupa una superficie de 8.028 Km./2 (aproximadamente el 1,6% del total del territorio español. Prácticamente la totalidad de la Comunidad se sitúa entre los 600 y los 1.000 metros, siendo nuestra cota más alta la de Peñalara con 2.430 metros, la mínima la encontramos en el río Alberche en Villa del Prado con 430 metros. Otras alturas considerables, además de famosas, son la Bola del Mundo, en Navacerrada, con 2.258 y los Siete Picos, en Cercedilla, con 2.138.

2. Clima

El clima en Madrid es bastante agradable si lo comparamos con otros países de la comunidad europea. Gran parte del año nos beneficiamos con días de sol. En pleno invierno, en los meses de enero y febrero las temperaturas rara vez llegan a los cero grados pero aún así, no está demás llevar un buen abrigo puesto. En primavera la temperatura es agradable llenándose el paseo de la Castellana de hermosas flores y en verano hay días de intenso calor pero no deja de ser soportable. El otoño también es agradable con excepción del último mes que se deja sentir ya los días de frío del invierno que se avecina. En general no llueve mucho en verano (julio-agosto) por lo que del paraguas no te preocupes en esta época del año, pero en los cambios de estaciones mejor llevar por las dudas uno debajo del brazo.


3. Historia

Ya en los tiempos del Paleolítico Inferior (400.000 años atrás) había madrileños. En una zona rodeada por extensos ríos (hoy Manzanares, Henares y Jarama) que permitían una abundante pesca, y por extensas zonas de copiosa vegetación en la que se escondían ciervos, caballos y toros y elefantes, ( algunos de hasta cinco metros de altura) aquellos hombres fabricaban utensilios prácticos para sus quehaceres diarios. Avanzando en los avatares de la historia, tenemos que ir hasta los tiempos de la estancia del pueblo musulmán para poder hablar de Madrid como una ciudad. No obstante sabemos que en las edades del Cobre y del Hierro los primeros "madrileños" dejaron restos de vida, mucho más adelantada hacia la cultura íbera; restos que podemos encontrar en el Museo Arqueológico.

DOMINACIÓN ÁRABE - LA RECONQUISTA
La primera noticia histórica del origen de la villa de Madrid data de mediados del siglo IX, cuando el emir Mohamed I levantó un castro árabe en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real.
En los alrededores de este alcázar pronto se desarrolló una ciudadela amurallada de carácter eminentemente militar, conocida con el nombre de al-Mudaina.
Durante La Reconquista fue objeto de varios ataques hasta que, finalmente, Alfonso VI la conquistó en el año 1083.

CARLOS I - FELIPE II

Hacia el año 1200 obtuvo su Fuero y muy pronto el Madrid medieval se convirtió en una pequeña villa frecuentada por algunos monarcas de la Casa Trastámara (Enrique III, Juan II y Enrique IV) para practicar la caza.
El siglo XVI marca el inicio de una nueva etapa en la vida de la capital. Carlos I le concedió los títulos de Coronada e Imperial y comenzó la transformación del viejo Alcázar en Palacio Real.
En el año 1561 Felipe II trasladó la Corte de la imperial Toledo a Madrid, donde permanecerá siempre.

 

DINASTÍA DE LOS AUSTRIAS
Durante los siglos XVI y XVII conoció una época de crecimiento y se convirtió en la capital del vasto imperio español.
Comenzaron a construirse suntuosos palacios, iglesias, conventos, etc. que conforman el conocido Madrid de los Austrias.
Durante el reinado de Felipe IV vivió un excepcional período de esplendor cultural, con la presencia en la villa de genios de la talla de Cervantes, Quevedo, Góngora, Velázquez, Lope de Vega y Calderón de la Barca.

DINASTÍA DE LOS BORBONES
La llegada al trono de la dinastía de los Borbones, a principios del siglo XVIII, supuso un renacimiento que le permitió salir de la postración en la que quedó, al igual que el resto de España, tras el reinado de Carlos II.
Sus momentos más brillantes se personalizan en el monarca Carlos III, conocido como el mejor Alcalde de Madrid. Fue en la época de la Ilustración cuando Madrid se pobló de museos, academias y bibliotecas.
Con el reinado de Isabel II comienza una nueva etapa de crecimiento urbanístico: es el Madrid Romántico de principios del siglo XIX, caracterizado por las tertulias en los cafés, una incipiente clase media, las primeras industrias y la agitada vida política con el turno en el poder de los partidos liberal y conservador.

LA SEGUNDA REPÚBLICA
En la primera mitad del siglo XX aparece el movimiento denominado Generación del 98 como la principal representante de las inquietudes políticas y culturales que se viven en España.
Es el Madrid del reinado de Alfonso XIII, de la Dictadura de Primo de Rivera, de la Segunda República y del continuo asedio sufrido durante la Guerra Civil de 1936.
Tras la contienda, sobre todo a partir de la década de los cincuenta y la siguiente, se produce la verdadera explosión madrileña que conduce al Madrid actual, una gran urbe con los problemas tradicionales de las grandes ciudades pero con magníficos conjuntos monumentales que la hacen una de las más interesantes de Europa.

FIN SIGLO XX
En la década de los noventa, Madrid puede ser calificado de complejo cultural. Durante el año 1992 fue la Capital Europea de la Cultura.
Las actividades ligadas a la circulación de la información, el capital, las mercancías y las personas, desde los servicios financieros y bancarios, los transportes y viajes y las actividades empresariales fueron las que mayores crecimientos registraron.
El área metropolitana madrileña se configuró en el decenio de los noventa como uno de los principales centros del Sur de la Unión Europea, ampliando las tradicionales funciones y dimensiones de Madrid como centro de servicios a escala nacional.


4. Monumentos del Madrid de la Bohemia

Estación de Tren Atocha: En Madrid existen dos estaciones principales de tren: Chamartín y Atocha. Ambas son estaciones de trenes de largo recorrido y de Cercanías. Situada en la zona sur de la ciudad, está muy próxima al centro.
La estación de Atocha representa la entrada de los visitantes a Madrid por el Sur de la ciudad. Es un lugar muy concurrido y no solamente por viajeros: el jardín interior, frondoso y exótico, ha establecido un microclima en la zona central de la estación. En invierno, este jardín -obra de Cesar Manrique- atrae a parejitas varias y a madrileños ociosos.

El edificio de la estación de Atocha fue inaugurado el 9 de febrero de 1851 con el nombre de Estación de Mediodía. Un incendio destruyó gran parte de su estructura, que fue nuevamente levantada en hierro según el diseño de Alberto de Palacio en 1892. Está considerado como una obra de arte de la arquitectura ferroviaria decimonónica. La última ampliación y remodelación es obra del arquitecto Rafael Moneo. La solución es de un conjunto de edificios rematados por una torre, a modo de una pequeña ciudad italiana de la Toscana; así el arquitecto español crea nueva estación con forma de gran sala abierta con cubierta monumental plana, utiliza la antigua estación de gran vestíbulo (jardín), sitúa un templete-linterna que sirve de comunicación a todos los servicios de transporte, y crea una plaza semienterrada, con una torre-reloj que advierte a los ciudadanos la presencia de la estación desde la distancia.

La estación está definida por unos muros de ladrillo y una cubierta metálica en forma de arco. La fachada principal, cerrada con un gran paño de vidrio, está flanqueada por dos edificios que albergaban las taquillas y los servicios.

En 1985 se remodela la estación para aumentar su capacidad.

El jardín tropical: Ya no hay ese humo que acompañaba la salida de aquellas legendarias máquinas de vapor. Aunque tampoco se ha perdido del todo, porque ahora el ambiente se envuelve en esa capa sedosa que da otra nube: la que conserva el jardín tropical, de 4.000 metros cuadrados, con 7.000 plantas de 400 especies.

Escenario de acontecimientos históricos (como la salida de los tropas españolas a la Guerra de África) o sociales (como el recibimiento multitudinario al torero Joselito, muerto en la plaza de Talavera de la Reina); lugar escogido por escritores para sus novelas (como Galdós, Foxá o Muñoz Molina), y plató para películas como Kika (de Pedro Almodóvar), el trasiego diario parece mezclar realidad y ficción como si se tratara del mayor espectáculo del mundo reflejado en una enorme pantalla tridimensional. También tenemos que añadir los dos últimos acontecimientos ocurridos en el 2004: Los atentados del 11-Marzo y la Boda Real de S.A.R.D. Felipe de Borbor con Dña. Letizia Ortiz.

A escasos metros de la Estacion de Atocha se encuenta la Cuesta de Moyano, Claudio Moyano Samaniego (1809-1890) fue catedrático de Derecho Civil y Economía Política, alcalde constitucional de Valladolid y ministro de Fomento.
Pero su celebridad radica en que en el año 1857 (s. XIX) publicó la ley de Instrucción Pública, en donde se recoge la obligatoriedad de la enseñanza primaria. Por ello se le dedicó un monumento y una calle: la cuesta de Moyano.

Colocado el monumento a la entrada de esa calle, la escultura en bronce le representa a tamaño natural, de pie y con un libro en las manos.

La calle, con una cierta pendiente que desciende desde los jardines del Retiro a la plaza de Atocha, bordeando el Ministerio de Agricultura, es conocida también como la cuesta de los libreros.

Allí, y en paralelo a la verja del Jardín Botánico, se extienden permanentemente una serie de casetas de madera donde distintos comercios de libro antiguo exponen su oferta, y donde se pueden encontrar ejemplares ya desaparecidos de las librerías convencionales. Diariamente, su horario de apertura depende de la luz diurna.

Su especial emplazamiento hace de este lugar un espacio madrileño agradable y curioso para un paseo tranquilo y relajado.

Seguiremos nuestra excursion por el Paseo del Prado: en concreto el tramo comprendido entre la puerta de Atocha y las Cuatro Fuentes, era hasta el siglo XVIII una alameda, lindante con algunas huertas y con un barranco que daba lecho al arroyo de Valnegral, que venia descubierto desde los pinares del camino de Maudes, donde con posterioridad se situó el Jardín Botánico, jardín de antigua presencia en la capital y que sufrió varios traslados. El recinto fue adornado con una elegante verja , ornamento completado en su parte central por una sencilla portada clásica de granito donde una inscripción indica que la obra fue realizado por el rey Carlos. Al fondo del paseo que comienza en al puerta que da al Prado hay una elegante portada con cuatro columnas de orden dórico, que da ingreso a la cátedra de Botánica, existiendo otro invernadero de plantas tropicales arrimado a la parte del muro que da a la calle de Espalter. También encuadran el recinto la biblioteca y el herbario, donde se reúnen mas de treinta mil especies distintas.
Desde mediados del siglo XIX el embellecimiento continuado del paseo hizo que este se convirtiese en zona favorita de paseo de las clases altas de la capital.

A continuacion del Jardín Botánico nos encontramos EL MUSEO DEL PRADO: nuestra renombrada pinacoteca no fue concebida en su origen como tal, sino que el edificio de Juan de Villanueva de 1785 fue diseñado, en principio, para albergar un Gabinete de Historia Nacional y Academia Ciencias. Esta creación se enmarca dentro del ambiente ilustrado de la época de Carlos III, en cuyo reinado, como ya hemos visto, se habían promovido la creación del Salón del Prado y, junto a él, la del Real Jardín Botánico. El Museo del Prado ofrece al visitante un legado artístico tan valioso como extenso: dentro de un catálogo verdaderamente deslumbrante se pueden resaltar los nombres de Diego Velázquez y Francisco de Goya, ya que el Prado atesora una parte sustancial de la obra de ambos genios de la pintura universal, incluidos, por supuesto, lienzos tan conocidos como Las Meninas de Velázquez, y Las Majas de Goya.

Un elemento destacado de la ornamentación del paseo son sus fuentes, elementos ya recogidos por el proyecto de José Hermosilla en tiempos de Carlos III, fontanas entre las que podemos destacar a de la Alcachofa situada al final del Botánico y que actualmente se encuentra en el Retiro, la de las Cuatro Fuentes, la de Neptuno, la de Cibeles y sobre todo la de Apolo, también llamada la de las Cuatro Estaciones, que ocupa el centro del que se llamo el Salón del Prado.

El Salón del Prado en la época del romanticismo es descrito como un paralelógramo rectángulo de amplia superficie cerca de la Carrera de San Jerónimo y de la calle de Alcalá que se separa del paseo de coches por un antepecho de hierro bronceado. El Salón tenia tres paseos, que venían a ser privativos de las tres clases sociales, así la gente distinguida paseaba por el sitio amplio y despejado cerca de los coches, el pueblo llano paseaba por la arboleda próxima a San Fermín, y por ultimo se reservaba un estrecho espacio limitado por una serie de bancos que daba al paseo de carruajes, lugar llamado París por estar reservado a la más selecta concurrencia. Este espacio fue uno de los puntos de reunión de los madrileños en los reinados de Fernando VII y de Isabel II, zona de paseo que fue abandonada cuando el Salón fue trasformado en jardín, iniciativa llevado a cabo por el alcalde de la capital el marqués de Lerma en 1904, privando así a los madrileños de uno de sus espacios preferidos de diversión y esparcimiento.

Fuente de Neptuno: La de Neptuno representa al dios del Mar, que conduce un carro formado por un gran caracol marino tirado por caballos con cola de pez.

Su historia, al convertirse en uno de los personajes preferidos del pueblo de Madrid y símbolo de una afición futbolística, ha sido azarosa, perdiendo varias veces el tridente que le adorna, e incluso el brazo que lo empuña a manos de algún entusiasta desaprensivo.

MUSEO THYSSEN: cuando el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza se hizo cargo de la colección centró sus intereses en aquellos períodos de la historia de la pintura a los que su padre había prestado menos atención. Aunque el barón siguió comprando cuadros de maestros antiguos como Duccio, Kalf, Saenredam o Goya; su cambio de criterio le llevó a adquirir, siempre con un gran sentido para reconocer la calidad, obras de los siglos XIX y XX. A partir de este momento su búsqueda se centró en el impresionismo, postimpresionismo, fauvismo, los movimientos expresionistas alemanes, las vanguardias y la pintura de postguerra europea y americana. Monet, Van Gogh, Picasso, Mondrian, Bacon o Lichtenstein, nombres fundamentales de la historia de la pintura forman parte de esta colección.

Monumento del dos de Mayo: Este monumento fue uno de los pocos aprobados en el trienio liberal de Fernando VII (1820-1823) que llegó a realizarse, quizá por su significado de lucha contra el ejército invasor de Napoleón. Este tipo de monumentos ya habían sido realizados anteriormente en España, pero como obras de arquitectura efímera. Fues en las Cortes de Cádiz de 1812 cuando se aprobó como obra permanente, y se ratificó en Madrid en 1814, señalándose en el artículo segundo como "en el terreno donde actualmente yacen las víctimas del dos de mayo, contiguo al salón del Prado, se cierre con verjas y árboles y en su centro se levante una sencilla pirámide que trasmita a la posteridad la memoria de los leales y tomase el nombre de campo de la lealtad". Pero ese año no pudo realizarse por la suspensión de la Constitución, por lo que tuvo que esperar a que los constitucionales subiesen al poder en 1820, y en 1821 se pidiese a Antonio López Aguado, arquitecto mayor de Madrid, que elaborase "diseños de la pirámide y obelisco" que debía colocarse en el Salón del Prado según la constitución de 1814.

Finalmente , a pesar de haber sido pedida a López Aguado, la obra se sacó a concurso público ese mismo año dándose libertad para su invención. El ganador fue Isidro González Velázquez con un diseño de obelisco, a pesar de haber sido presentado fuera del plazo, aprovechando uno de los bocetos que realizó en 1819 para el catafalco de Isabel de Braganza. El mismo autor explicaba en una carta que acompañaba a sus proyectos que el obelisco podía ser un símbolo funerario a la vez que triunfal. Esto era muy importante en relación con el lugar que el monumento iba a ocupar.

El lugar era el mismo en el que se habían producido los acontecimientos pero si la obra quería entenderse como monumento funerario, no podía estar en un lugar tan bullicioso como el Paseo del Prado, sino apartado de éste. Sin embargo como exaltación del valor del pueblo madrileño tenía que poder ser visto por todos.

Eligiéndose, como puede verse hoy en día, el segundo argumento, se entendió la obra como un monumento didáctico o, más exactamente, ejemplificador de la actitud patriótica de Madrid, totalmente ajena a ningún contenido político que pudiera provocar intervenciones posteriores por desavenencias ideológicas.

Fuente de Apolo: Forma parte de los tres grupos escultóricos diseñados por Ventura Rodríguez para el Salón del Prado. Las tres fuentes Cibeles, Apolo y Neptuno, marcan la espina o el eje de un espacio circoagonal.

Ésta en concreto fue realizada por Manuel Álvarez, . Fue inaugurada para la boda del futuro Fernando VII, inocente hijito de Carlos IV; pero el diseño de Ventura Rodríguez era en homenaje a su abuelo, Carlos III, como protector de las Artes y las Ciencias. Su ubicación actual, por supuesto entre Neptuno y Cibeles, en el Paseo del Prado, a la altura del Edificio de la Bolsa (Plaza de la Lealtad), un poco más arriba del Palacio de Villahermosa, actual Museo Thyssen.

En los Archivos de la Villa se conservan los planos y dibujos de Ventura Rodríguez, así como la memoria del proyecto de remodelación del paseo del Prado. En algún rincón de esa memoria se especifica que estas tres fuentes representan los elementos: agua-Neptuno; tierra-Cibeles; fuego-Apolo...

Fuente de La Cibeles:se instaló en 1782 en el Paseo de Recoletos, junto al Palacio de Buenavista, orientada hacia el Paseo del Prado, de cara a la de Neptuno.
Toda la fuente fue esculpida en mármol cárdeno del pueblo de Mostesclaros (Toledo), de acuerdo con el dibujo de Ventura Rodríguez. Fueron empleados más de diez mil kilos de marmol.

En 1798, por sugerencia de Juan de Villanueva, se añadieron a la fuente un oso y un dragón, símbolos de las antiguas armas de la Villa, tal y como aparecían en su escudo.

En 1895 cambió de ubicación, siendo alcalde de Madrid el Conde de Romanones. La fuente de la Cibeles pasó a ocupar el centro de la que sería conocida con el nombre de Plaza de Madrid (más tarde de Castelar), enfilada hacia la calle de Alcalá.
En ese mismo año, se colocó sobre una gradería circular de cuatro peldaños y se la rodeó de una verja, que impedía el acceso directo a la fuente. Prohibición de la que se ha hecho caso omiso en muchas ocasiones, como la historia -y las pasiones deportivas- se han encargado de demostrarnos

Justo enfrente de La Cibeles podemos ver la BOLSA DE MADRID: Desde su fundación en 1831, la Bolsa había pasado de un convento a otro, hasta que en el último tercio del siglo XIX se vio la oportunidad de dotar a Madrid de un edificio de las misma categoría que los edificios de las bolsas europeas.
A su altura podemos ver el Museo Naval, y el Palacio de Comuniciones"Nuestra Señora de las Telecomunicaciones"; así llamaron los madrileños al actual edificio de Correos que se encuentra en la Plaza de Cibeles.
Uno de los rasgos más interesantes del edificio es el emplazamiento privilegiado que ocupa, rodeado por una serie de construcciones de gran valor histórico, artístico y simbólico, como lo era el Paseo del Prado de Carlos III, que albergaba numerosos edificios públicos y oficiales de gran categoría, a parte de arquitectónica, o los palacios de la burguesía isabelina en el Paseo de Recoletos. Esta importante ubicación fue potenciada por los autores "que hacen del nuevo edificio un espectáculo arquitectónico y un hito en el paisaje de Madrid"

Palacio de Linares: actual sede de la Casa de América, ocupa la esquina de la Calle Alcalá con el Paseo de Recoletos. es el ejemplo más representativo de mansión palaciega surgida en la bonanza política y económica de la restauración borbónica.
Se edificó en parte del solar que ocupaba el antiguo y ya derruido Pósito Real, en situación privilegiada, mirando sus fachadas a la Plaza de Cibeles, Paseo de Recoletos y Calle de Alcalá.

Su construcción data de 1873 y la familia Murga - Marqueses de Linares - no escatimó calidades a la hora de llevarla a cabo.

Su esmerada decoración pretendía conseguir una excelencia y originalidad sobresalientes, de modo que destacara respecto a la de los otros palacios madrileños de la época. Dicha decoración parte de un eclecticismo de estilos, aunque respondiendo en general a patrones franceses cercanos al efectista estilo Segundo Imperio.

Plaza de la Independencia y Puerta de Alcala: esta plaza, en la confluencia de la calle Serrano con la calle Alcalá, está presidida por la Puerta de Alcalá, uno de los símbolos más identificables de Madrid.

Diseñada por Sabatini bajo el reinado de Carlos III (siglo XVIII), esta puerta sustituyó a una anterior, construida en tiempos de Felipe III.

La actual, de estilo neoclásico, consta de 2 arcos laterales y 3 centrales, siendo sus dos caras diferentes.
Su nombre le viene porque indica la dirección de la salida de Madrid hacia Alcalá de Henares.

Nuestro camino nos lleva hasta el Banco de España. Este último ocupa uno de los más hermosos palacios del moderno Madrid, de dilatada construcción que en sus líneas fundamentales aparece inspirada por el arte del Renacimiento. Los autores de los planos fueron Eduardo de Adaro y Severiano Sáinz de la Lastra, quienes iniciaron la construcción del edificio en julio de 1884 con una ceremonia donde asistió el rey Alfonso XII.
El edificio del Banco de España está construido sobre el solar del palacio del Marqués de Alcañices, duque de sesto, y algunos terrenos anexos, entre ellos, el correspondiente a la capilla de San Fermín de los Navarros"

Las obras del Banco de España comenzaron en 1882, "aunque la primera piedra simbólica no se colocó hasta el 4 de Julio de 1884, al comenzar a levantarse la cuesta inferior de los sótanos"

El edificio se construyó con un estilo de tendencia renacentista con elementos franceses. Las fachadas se desarrollan dentro de los modelos venecianos del Renacimento y podría asemejarse al Palacio Corner en el Gran Canal de Venecia y Villa Garzoni de Pontecasale, ambas, obras de Sansovino (1460-1529). El carácter veneciano tan sólo se rompe en las cubiertas, donde utiliza mansardas de influencia francesa.
El Madrid del siglo XX: Una torre de treinta y cinco pisos, la Torre de España, primer rascacielos que se construyó en Madrid, domina la PLAZA DE ESPAÑA: es una de las más importantes de Madrid, y de aquí parte la Gran Vía, la arteria central de la ciudad moderna.
El conjunto escultural en el centro es una homenaje a Miguel de Cervantes (1547-1616), que nació en Alcalá de Henares, a unos 30 kilómetros de Madrid, por medio de algunas de las figuras de su Don Quijote.
Además del hidalgo, se pueden facilmente reconocer su escudero, Sancho Panza, su caballo, Rocinante, y la dama de su sueños, Dulcinea.

La arteria principal del barrio de Argüelles lleva este nombre en honor de la hija de la Reina Isabel II, la infanta Francisca, heredera del trono de España hasta el nacimiento del futuro Alfonso XII. Antes, se denominó calle del Duque de Liria, por encontrarse en esta vía el palacio del mismo nombre.

A la altura del número 20 se encuentra el Palacio de Liria, residencia de la duquesa de Alba durante sus estancias en la capital. Frente al palacio, unos frondosos jardines obra de Sabatini y Ventura Rodríguez que datan de finales del siglo XVIII. En el interior, valiosas muestras de obras de grandes maestros como Zurbarán, Goya, Renoir o Tiziano.

El palacio, que data del siglo XVIII, se reconstruyó tras la Guerra Civil debido a un incendio que lo dejó prácticamente destruido.

Cerca del Palacio de Liria se encuentra el Cuartel del Conde Duque, hoy uno de los centros culturales más activos de la capital y en el que recientemente se ha inaugurado el Museo Municipal de Arte Contemporáneo.

El Cuartel del Conde Duque, obra del siglo XVIII de Pedro de Ribera y de estilo barroco, estaba destinado inicialmente como barracón para la Guardia Real de Felipe V. Tras diversos incendios y remodelaciones, en 1981 se inicia su definitiva reconstrucción.

Cerca de la calle Princesa y a la izquierda de ésta se encuentra la calle Ventura Rodríguez, donde se ubica uno de los museos más interesantes de la ciudad, el Museo Cerralbo (C/ Ventura Rodríguez, 17), ordenado construir por Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), decimoséptimo marqués de Cerralbo y acabado en 1893.
Seguiremos nuestro recorrido y haremos un alto para poder ver una panorámica de la Ciudad Universitaria, Palacio Real, Palacio de la Moncloa, desde el FARO DE MONCLOA Consiste en un mirador situado en Moncloa, un importante centro de comunicación de la ciudad.Con aspecto de nave espacial suspendida, mide unos 100 m de altura.

Retroceremos nuestros pasos para dirigirnos al TEMPLO DE DEBOD: pocos conocen que en España se conserva uno de los templos egipcios más importantes salvados de las aguas de la presa de Asuán a finales de la década de los 60 del siglo XX. En el céntrico Parque del Cuartel de la Montaña en Madrid, muy cerca de Príncipe Pío, puede observarse esta magnífica pieza de la arquitectura tardía faraónica.

Volveremos a pasar por la Plaza de España y haremos un alto par ver los jardines de Sabatini, el Palacio Real y la Catedral de Ntra. Sra. De la Almundena.

Jardines de Sabatini: se extienden frente a la fachada norte del Palacio Real, entre la calle Bailén y la cuesta de San Vicente. Se trata de unos jardines con carácter monumental, que fueron creados en los años treinta del s. XX en el lugar que ocupaban las caballerizas construidas por Sabatini para servicio del Palacio Real.
Se adornan con estanques y parte de las estatuas de los reyes españoles destinadas para coronar el Palacio Real y que no se ubicaron en su emplazamiento original por no soportar la estructura del Palacio tanto peso.

Palacio Real: ocupa el rincón madrileño más cargado de historia. Por la zona aún aparecen restos de las murallas árabes, las primeras que ciñeron el viejo Madrid.
En el lugar del palacio hubo algún torreón árabe, de la lejana época (siglo IX) en la que el emir Mohamed I transformó el poblado de Magerit en una plaza fuerte, destinada a defender Toledo del avance cristiano.

En el siglo XIV se reedificó la fortaleza. Juan II la acondicionó para eventual residencia regia. Pero en el siglo XVI, primero Carlos V y luego Felipe II le dieron un impulso definitivo. El primitivo alcázar se amplió y remodeló para ser punto de residencia estable de la monarquía.Aún con Felipe IV, el palacio seguiría mejorando, alcanzando casi su aspecto definitivo(aún lo remodelaría en parte Felipe V), antes de que las llamas lo destrozasen en la Nochebuena del año 1734.Desaparecido el alcázar de los Austrias, aparecería el Palacio de los Borbones. Desaparecido el alcázar-castillo de concepción hispánica, llegaría el palacio de inspiración franco italiana.

Sería un edificio para la eternidad, como se escribió en la primera piedra del mismo. Frente al estilo acumulativo del pasado, se reclamó una concepción integral. Para darle eternidad al edificio, se suprimieron las estructuras de madera. Todo, salvo puertas y ventanas, sería material incombustible: piedra eterna de la Sierra de Guadarrama y de Colmenar.

Para darle fama a la monarquía, los distintos reyes fueron aportando elementos artísticos destacados de cada momento, elementos que se van descubriendo a medida que avanza la visita por las salas. Los monarcas sabían que aquel era uno de los espejos en los que se reflejaba su poder y no dudaron en realzar la magnificencia del edificio con nuevos aportes o reestructuraciones.


Catedral de Nuestra Señora de la Almudena: Hasta fecha muy reciente Madrid no alcanzó uno de sus sueños más anhelados que, como ciudad, ha guardado en la memoria desde que Felipe II fijó en ella la Corte (1561): poseer un templo catedral. A los pocos años de aquel acontecimiento se hizo explícito este deseo de Madrid que, según un informe de 1567, estimaba que "por el bien universal de la villa y su tierra, importa y tiene gran necesidad que se haga en ella una iglesia catedral y cabeza de Obispado". No obstante, el monarca estaba entonces más interesado en la obra de El Escorial y en el proyecto de Juan de Herrera para la colegiata -luego catedral- de Valladolid, ciudad natal del rey que no se resistía a intentar para sí la capitalidad, como sucedería transitoriamente bajo Felipe III. Pero la catedral de Valladolid, una vez iniciada, no se Terminaría nunca y Madrid, recuperada la capitalidad, tampoco vería comenzar siquiera el proyecto de su iglesia al que la archidiócesis de Toledo siempre se opondría por razones obvias. Efectivamente, tras los intentos fallidos de los Reyes Católicos y Carlos V por dividir la gran y poderosa archidiócesis de Toledo, y los movimientos que en el mismo sentido se produjeron bajo Felipe II, se cierra el siglo XVI sin que Madrid pudiera ver cumplido su deseo, quedando como simple cabeza de un arcedianato.
Durante el siglo XVII se hicieron nuevos esfuerzos por conseguir la segregación de Madrid respecto a Toledo, llegando Felipe III a obtener la autorización de Roma a través de una bula de Clemente VII para proceder a la erección de una catedral en Madrid. El rey y la reina Margarita ofrecieron entre ambos 650.000 ducados, pero a tan fuerte suma correspondió una no menos fuerte oposición del arzobispo de Toledo.
Así las cosas, serían Felipe IV y, sobre todo, su esposa doña Isabel de Borbón, quienes iniciaron de nuevo las gestiones para la construcción de una catedral en Madrid vinculada a la parroquia de Santa María de la Almudena, sin mencionar para nada la creación previa de una diócesis. Así, estando la reina próxima a dar a luz en 1623, hizo un ofrecimiento a la Virgen de la Almudena para dotar y fundar una capilla en la vieja parroquia de Santa María. Sin embargo, parece que el conde-duque de Olivares y Madrid recondujeron aquella "buena ocasión para que se encamine y consiga el antiguo y justo deseo de tener una iglesia principal". Nombrada una Junta para entender en las obras de la futura catedral, a la que asistían el corregidor de Madrid, representantes de la reina, regidores de la villa y comisarios nombrados al efecto, se acordó, en 1624, fijar las condiciones, traza y planta del templo catedral, señalándose los nombres de Juan Gómez de Mora y de su aparejador Pedro Lizargárate para hacer aquellas. El entusiasmo fue grande y Felipe IV, en el mismo año de 1624, dio una cédula en la que arbitra medios para hacer frente a la obra, a la que el Ayuntamiento de Madrid contribuiría con la importante suma de 200.000 ducados.

Pero, probablemente, lo más importante de dicha Real Cédula para la historia del anhelo catedralicio de Madrid fuera su encabezamiento que resulta como sigue: "Consejo, Justicia y Regimiento desta villa de Madrid, ya sabéis, cómo a devoción nuestra y de la Reina, Nuestra muy cara y muy amada mujer, Da Isabel, se trata de erigir, fundar y fabricar en esta villa una Iglesia Catedral de la advocación de Nuestra Señora de la Almudena y para ayuda a los gastos que necesita dicha fábrica..." Es decir, no cabe ya la menor duda sobre la iniciativa real del proyecto y su alcance como templo catedralicio, ni sobre su advocación.

No habiendo pasado de estos preliminares el proyecto de una catedral para Madrid y tras una fugaz propuesta de Sacchetti (1738), resucitó de nuevo en el ámbito real y, con algunos cambios, la historia volvió a repetirse. No es ahora Felipe IV, sino Alfonso XII. No es la reina Isabel de Borbón, pero sí el dolor de la muerte de la reina Marra de las Mercedes de Orleans, ambas devotas de la Virgen de la Almudena, el que actuará de motor definitivo del templo madrileño frente al Real Palacio, en la segunda mitad del siglo XIX. Pero antes de abordar el proyecto definitivo del marqués de Cubas, cabe añadir que durante aquel siglo también se intentó la creación de una diócesis y la consiguiente erección de la catedral, según recogieron en su momento hombres como Mesonero Romanos y Fernández de los Ríos. Ya las Cortes Constituyentes de 1837 habÍan planteado, una vez más, la conveniencia de hacer coincidir la capital de la monarquía con una sede diocesana, y en ese mismo sentido se manifestaron otros organismos y corporaciones hasta que se incluyó en el Concordato de 1851, junto con las nuevas sedes de Vitoria y Ciudad Real. La posterior firma de un Convenio adicional, en 1859, posibilitó el abordar de nuevo la construcción del templo catedralicio. No obstante, las difíciles vicisitudes políticas que van desde la Revolución del 68 hasta la Restauración alfonsina (1875) hicieron que se retrasase la entrada en vigor de anteriores convenios y acuerdos, hasta que la creación de la diócesis Madrid-Alcalá fue realidad a partir de una bula dada por León XIII, en 1885, y aprobada por el Ministerio de Gracia y Justicia aquel mismo año que conocería la muerte de Alfonso XII. Por todo ello la catedral de Santa María de la Almudena de Madrid es, al final, el resultado de una compleja situación en la que, tras un secular forcejeo de intereses diocesanos y políticas, se consiguió segregar de la archidiócesis de Toledo la nueva de Madrid-Alcalá, en cuyo éxito tuvo un papel principal el Nuncio Apostólico en España, monseñor Mariano Rampolla. Tanto la ejecución de la bula como la toma de posesión del primer obispo de Madrid, el malogrado don Narciso Martínez Izquierdo, tendrían como escenario la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasando a ser inmediatamente templo catedral de la diócesis, en 1885, hasta que se consagró el actual templo en 1993 por el Papa Juan Pablo II.

Hay que destacar los dos grandes acontecimientos de este año, el primero por los funerales de Estado por las víctimas de los atentados del 11 de marzo, y el segundo por la Boda Real española, El Príncipe Felipe y Doña Letizia.

Nuestro recorrido se encaminara hacia el centro de Madrid, llegando a la Plaza Mayor, Uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. El aspecto que presenta hoy la plaza se debe a Juan de Villanueva, que la reconstruyó tras el tercer incendio sufrido en el año 1790 (los dos anteriores se produjeron en los años 1631 y 1672). Es una magnífica plaza de planta rectangular, rodeada de una serie de casas de tres pisos con soportales en la que destacan, en el lado norte, la Casa de la Panadería, decorada con frescos de Claudio Coello recientemente restaurados; en el sur, los capiteles de la Casa de la Carnicería. En el centro se alza la estatua ecuestre de Felipe III, obra del siglo XVII y realizada por los italianos Juan de Bolonia y Prieto Tacca. La plaza se inauguró el 15 de mayo de 1620 para conmemorar la beatificación de San Isidro, patrono de la ciudad. A lo largo de su historia fue escenario de la proclamación de reyes, de autos sacramentales, ejecuciones y corridas de toros. En sus soportales trabajaron los más importantes gremios del momento.

Nos dirigiremos hacia la PUERTA DEL SOL, era el lugar que ocupaba el acceso este de la urbe. Pero en los siglos XVI y XVII este enclave se fue tornando en un importante ágora de la ciudad.

Es un espacio alargado sin edificios notables. El más importante es un caserón de ladrillo iniciado por Ventura Rodríguez para casa de Correos, donde está la sede de la Comunidad Autónoma de Madrid. Pero la plaza sigue siendo foco de tertulias y lugar de encuentros y celebraciones, como las de fin de año.

En la plaza está el kilómetro cero, a partir del cual se miden las distintas carreteras radiales que comunican Madrid con el resto de España.
Concluiremos nuestra excursion con el Congreso de los Diputados donde veremos a sus famosos leones, y nos dirigiremos a nuestro punto de regreso para Alcala de Henares, ATOCHA.


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