Realismo y Naturalismo (1850-1900)
Marco histórico
y cultural en Europa.
Con respecto a la época romántica, los cambios más destacados son:
-En lo social, la burguesía, que se consolida como clase dominante,
deriva hacia posiciones conservadoras. Su apego a la realidad y su
espíritu práctico marcan el ambiente. Frente a la burguesía, las masas
obreras luchan por mejorar sus condiciones de vida.
-En lo ideológico, sigue dominando el liberalismo, que se ramifica en
liberalismo progresista y moderado. Paralelamente, los obreros acogen
doctrinas revolucionarias: socialismo, comunismo, anarquismo (Manifiesto
comunista de Marx: 1848).
-El pensamiento y la ciencia ofrecen novedades que repercutirán en la
literatura. El Positivismo se opone al idealismo romántico y sólo
admite como verdadero lo que se puede observar o experimentar. Con él
se relacionan el “método experimental” , así como la Sociología y la
Psicología científica.
Marco histórico y
cultural en España.
La España de la segunda mitad del siglo XIX vive fuertes tensiones
sociales y políticas. La impresión de conjunto es la de un país
atrasado que se desangra en conflictos internos, sin acertar el camino
de una convivencia fructífera.
En lo social, destaquemos que el auge de la burguesía es más tardío
que en otros países y conservan mucha fuerza los sectores
tradicionalistas (nobleza y clero). La misma burguesía liberal está
dividida entre conservadores y progresistas. A su izquierda aparecen
demócratas y republicanos, así como movimientos revolucionarios
obreros: socialistas y anarquistas (el PSOE se fundará en 1879).
En lo político, hasta 1868, predomina una tendencia moderada. La
revolución del 68, que destrona a Isabel II, abre una etapa
progresista, ensangrentada por una nueva guerra carlistas. La
Restauración de la Monarquía (1875: Alfonso XII) implantó un sistema
de partidos turnantes (conservadores y progresistas alternarán en el
gobierno) que resultó ineficaz.
En lo cultural, asistiremos a semejantes enfrentamientos entre
tradicionalismo y progresismo, son las llamadas “dos Españas”.
El Realismo.
Génesis.
A mediados de siglo, en Francia, se llamó realistas a ciertos artistas
que se proponía reflejar la sociedad del momento en contraposición con
las fantasías y los sueños románticos.
Desde entonces se suele presentar al Realismo como la antítesis del
Romanticismo. Ello no es del todo exacto. En ciertos escritores
románticos, junto a los rasgos propios del movimiento, ya se hallaban
admirables cuadros realistas (así, en novelas como Los miserables, de
Víctor Hugo o en los típicos cuadros costumbristas).
Lo más exacto sería decir que del Romanticismo se pasa al Realismo
mediante un doble proceso: a) eliminación de ciertos elementos como lo
fantástico, los excesos sentimentales, etc.; b) desarrollo de otros
como el interés por la naturaleza, por lo regional, por lo
costumbrista, por lo cotidiano.
Características.
· Observación rigurosa y la reproducción fiel de la vida. El escritor
ha asimilado las lecciones del método experimental, de la Sociología o
de la Psicología. Se documenta sobre el terreno, toma apuntes sobre el
ambiente, las gentes, su modo de vestir, etc. Ese deseo de exactitud
se verá reflejado en la descripción de costumbres o de ambientes –rurales
o urbanos, refinados o populares– (Balzac, Dickens, Galdós) y en la
descripción de personajes, origen de la gran novela psicológica
(Flaubert, Dostoyevski).
· En lo narrativo, el escritor adopta una actitud de cronista más o
menos objetivo.
· Las descripciones, de ambientes o de tipos, adquieren un papel
relevante en la obra.
· El estilo tiende a la sobriedad. En los diálogos, la lengua se
adaptará a la índole de los personajes, por ejemplo, el reflejo del
habla popular, entre otras.
· La novela es el género que mejor se adapta a los propósitos del
movimiento realista y naturalista.
El Naturalismo.
Recibe el nombre de Naturalismo una corriente fijada por el novelista
francés Émile Zola (1840-1902). A los postulados del realismo añadió
Zola ciertos elementos tomados de doctrinas típicas de su tiempo:
· El materialismo. Niega la parte espiritual del hombre: los
sentimientos, ideales, etc., son considerados productos del organismo.
· El determinismo. Los comportamientos humanos están marcados por la
herencia biológica y por las circunstancias sociales.
· El método experimental. Igual que un científico experimenta con sus
cobayas, el novelista debe experimentar con sus personajes,
colocándolos en determinadas situaciones para demostrar que su
comportamiento depende de la herencia y del medio.
De los presupuestos anteriores se derivan varias consecuencias
literarias:
1. En cuanto a temas, ambientes y personajes, abundan los asuntos “fuertes”,
las bajas pasiones, así como personajes tarados, alcohólicos o
psicópatas, seres que obedecen, sin saberlo, a sus tendencias
genéticas, si bien sus reacciones difieren accidentalmente según el
ambiente en que se han educado.
2. En la técnica y el estilo se llevan a sus últimas consecuencias los
métodos de observación y documentación del Realismo. Igualmente se
hace más precisa la reproducción del habla.
La Poesía y el Teatro de la Época Realista.
La Poesía.
En esta segunda mitad del siglo XIX desarrollan su obra dos poetas
excepcionales: Bécquer y Rosalía, estudiados en el tema del
Romanticismo.
La mentalidad burguesa y realista no favoreció el desarrollo de la
lírica. Las dos tendencias más características del momento son el
prosaísmo de Campoamor y el retoricismo con pretensiones cívicas y
filosóficas de Núñez de Arce.
Ramón de Campoamor (1817-1901) alcanzó fama con sus Humoradas, Doloras
y Pequeños poemas, en los que alternan ironía escéptica y
sentimentalismo. Quiso introducir el lenguaje coloquial en la poesía,
pero con dudoso acierto.
Gaspar Núñez de Arce (1834-1903) es autor de poemas grandilocuentes de
temas cívicos y de estilo cercano al de los discursos políticos de su
época. Sus composiciones filosóficas son vanamente pretenciosas.
Citemos su libro Gritos del combate (1875).
El Teatro.
El teatro de esta época tiene escasa importancia, si exceptuamos la
labor teatral de Galdós. Perviven, por un lado, ciertos rasgos del
Romanticismo. En esta línea romántica cosechó éxitos José de Echegaray
(1832-1916) con altisonantes dramas hoy insufribles, como El gran
Galeoto. Fue, no obstante, el primer español que logró el Premio Nobel
(1904).
A los gustos realistas responde un género llamado alta comedia, que se
caracteriza por abordar temas contemporáneos, con cierto enfoque
didáctico y un lenguaje más sobrio. La cultivaron, por ejemplo, López
de Ayala y Tamayo y Baus, entre otros autores hoy olvidados.
Autores realistas españoles más importantes.
“FERNÁN CABALLERO” (1796-1877)
Pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber, hija del cónsul alemán en
Cádiz. Cultivó un costumbrismo andaluz, con enfoques sentimentales y
moralizantes. Destaca su novela La Gaviota (1849). Fernán Caballero y
Pedro Antonio Alarcón representan el prerrealismo o transición del
Romanticismo al Realismo.
PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN (1833-1891)
Granadino. Comenzó también como escritor costumbrista y romántico.
Elementos románticos hay aún en novelas suyas como El escándalo
(1875). En cambio, es de un transparente realismo El sombrero de tres
picos (1874), auténtica joya de la novela corta española, por lo
divertido del argumento, la aguda captación de tipos y ambiente y la
viveza del estilo.
JUAN VALERA (1824-1905)
Aristócrata cordobés, cultísimo, liberal y escéptico, comenzó a los
cincuenta años su carrera de novelista con una obra maestra, Pepita
Jiménez (1874), cuyo protagonista se debate entre una vocación
religiosa más convencional que profunda y la fuerte atracción que
siente por la mujer que da título a la obra. Los impulsos humanos
vencerán. Y lo mismo sucede en varias obras suyas, como Juanita la
Larga, otra novela espléndida. Valera es realista por lo riguroso de
su observación, pero rehuye, sin embargo, los aspectos más penosos o
crudos de la realidad. Su arma crítica es una sutil ironía. Lo
caracterizan, además, su penetración psicológica (sobre todo en los
personajes femeninos) y un estilo cuidado, tan elegante como sencillo.
JOSÉ
MARÍA PEREDA (1833-1906)
Santanderino. Se sitúa en una línea tradicionalista, apegada a una
visión idílica del campo (frente al dinamismo urbano). Así exalta la
naturaleza y las gentes sencillas de su tierra: el mar y los
pescadores en Sotileza (1885), la montaña en Peñas arriba (1895).
Sobresalen sus pinturas de paisajes, aunque demasiado minuciosos a
veces.
ARMANDO PALACIO VALDÉS (1853-1937)
Asturiano. Presenta también una exaltación de las virtudes
tradicionales, frente al progreso. Así, en La aldea perdida (1903)
cuenta los estragos de la invasión minera en un valle asturiano, antes
idílico y luego degradado. Se hicieron famosas otras novelas suyas
como La hermana San Sulpicio o La alegría del capitán Ribot.
EMILIA PARDO BAZÁN (1851-1921)
De la escuela naturalista tomó el gusto por los rudos ambientes
sociales, con sus pasiones violentas y sus crudezas. Los pazos de
Ulloa y La madre Naturaleza (1886-1887) componen un intenso cuadro de
gentes y paisajes de su Galicia. Aparte otras novelas, es autora de
varios centenares de cuentos, a menudo excelentes.
VICENTE BLASCO IBÁÑEZ (1867-1928)
Es el novelista más cercano a la escuela naturalista: se le llamó “el
Zola español” y , en efecto, comparte con éste el gusto por ambientes
sórdidos, la crudeza de los temas y la preocupación por las taras
hereditarias. Ello va unido al vigor con que supo captar el mundo
rural de su tierra, Valencia, en novelas que se harían famosísimas,
como La barraca (1894), Cañas y barro (1902), etc.
Los dos escritores
realistas más destacados: GALDÓS
y CLARIN.
Autores realistas europeos.
Autores franceses
STENDHAL (Grenoble, 1783-París, 1842)
Su mérito como novelista radica especialmente en el estudio
psicológico de sus personajes. Aunque fundamentalmente romántica, su
obra anticipa el realismo y psicologismo posterior.
Sus grandes novelas son: La cartuja de Parma y El Rojo y el Negro.
Esta última ha sido considerada por la crítica como la iniciadora de
la novela realista.
HONORÉ DE BALZAC (Tours, 1799-París, 1850)
De gran capacidad imaginativa, retrata toda una sociedad cuyo móvil
fundamental es el dinero. Muy minucioso y detallista en sus
descripciones. Escribió un enorme conjunto de novelas de asunto
contemporáneo, agrupándolas bajo el nombre de La comedia humana. En
ella quiso reflejar todos los ambientes de la sociedad francesa en la
primera mitad del siglo XIX.
GUSTAVE FLAUBERT (Rouen, 1821-Croisset, 1880)
Es el autor de la mejor novela del realismo francés: Madame Bovary.
Otras obras suyas son Salambó o La educación sentimental.
Su obra se distingue por la depuración estilística y el gran cuidado
en el acopio de datos.
ÉMILE ZOLA ( París, 1840-París, 1902)
Es el representante más destacado del naturalismo. Pretendió
desarrollar la llamada novela experimental, para trasladar a la
literatura el método experimental. Alcanzó notoriedad con la serie Los
Rougon-Macquart, en la que describe la vida de una familia francesa
durante el Segundo Imperio. Entre los veinte volúmenes que componen la
serie destacan El vientre de París, La Taberna y Germinal.
Autores ingleses
CHARLES DICKENS (Portsmouth-Godshill, 1870)
Máximo representante de la novela realista inglesa. Dickens es un
maestro en la construcción de narraciones cuyos protagonistas son
niños. Creador de caracteres de tendencia moralizante y de gran
influjo en la novela europea. Sus obras más destacadas son: Tiempos
difíciles, Los papeles póstumos del Club Pickwick, David Copperfield,
Cuento de Navidad y Oliver Twist.
Autores rusos
FEDOR DOSTOIEVSKI (Moscú, 1821-San Petersburgo, 1881)
Su gran mérito radica en sus cualidades de psicólogo y en su acción
creadora de personajes. Toda su obra refleja una inmensa piedad por
los seres más desgraciados y una honda comprensión, en el fondo
esencialmente cristiana, de las debilidades y miserias humanas. Sus
obras tienen un tono angustioso, pero de profunda compasión y respeto
por el alma humana. Entre sus obras más destacadas están El idiota,
Crimen y castigo, y Los hermanos Karamazov.
LEV TOLSTOI (Yasnaia Polaina, 1828-Astapovo, 1910)
Su ideología se haya impregnada de un humanitarismo idealista; el afán
de justicia social , el amor a los humildes, y la tesis de que el ser
humano debe vivir de acuerdo con su conciencia son características muy
relevantes. Entre sus obras destacan Guerra y paz, brillante evocación
de las campañas napoleónicas en Rusia, y Ana Karenina, de ambiente
contemporáneo y trágico final. Gozó de inmensa popularidad en Europa a
fines de siglo, y contribuyó a dar a la literatura un tono de
espiritualidad.
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