LA ILUSTRACIÓN
El teatro neoclásico: Moratín
1. El teatro nacional
anterior al Neoclasicismo
Anterior al teatro neoclásico es el llamado “teatro
nacional”, surgido con el Barroco en el siglo XVII.
Quedará asentado como tal de la mano de Lope de Vega,
cuya obra vendrá a ser la quintaesencia del nuevo
teatro. Sus ideas teóricas sobre el mismo quedarán
plasmadas en su poema extenso Arte nuevo de hacer
comedias en este tiempo, donde establece sus
características básicas:
– Primacía de la acción sobre el desarrollo de los
personajes
– Primacía del tema sobre la acción, con la
imposibilidad de la verosimilitud realista
– Unidad dramática se basa en el tema y no en la acción,
ni en el espacio o el tiempo
– Subordinación del tema al propósito moral a través del
principio de justicia poética
– Resolución del propósito moral por medio de la
causalidad dramática
Entre las obras más celebres de Lope de Vega podemos
citar El caballero de Olmedo, Fuenteovejuna,
Peribáñez y el comendador de Ocaña, El
castigo sin venganza, La dama boba y
El perro del hortelano. Otros autores importantes
serán Tirso de Molina y Calderón de la Barca.
El surgimiento de los “teatros nacionales” será un
fenómeno común en Europa: los más célebres son los
teatros surgidos en Inglaterra, que tendrá a Shakespeare
como su máximo representante, y en Francia, con Molière
como su máxima figura.
2.
La poética neoclásica
En el siglo XVIII surge un nuevo movimiento intelectual
que promoverá una revisión crítica de todo el saber de
los siglos anteriores: es la Ilustración, que exaltará
el uso de la razón por encima de creencias y
supersticiones, y cuyo máximo exponente lo tendremos en
Francia, con hitos como la publicación de la famosa
Enciclopedia de la mano de personalidades como
Diderot, D’Alembert o Voltaire.
Esta revisión de toda la cultura anterior afectará
también al arte y la literatura, y en el caso concreto
del teatro, se propondrán nuevos tratados poéticos que
establecerán un nuevo tipo de obras mucho más apegadas a
lo que se considerará el modelo clásico: el que
establecieron los autores de la Antigüedad (Aristóteles,
sobre todo).
En España será Luzán quien escriba la principal obra
sobre preceptos teatrales: en su Poética (1737)
rechaza el teatro barroco anterior, que había acabado
degenerando considerablemente a lo largo de su siglo
largo de existencia (si bien salvará a autores concretos
como Lope o Calderón). Basándose en el Tratado de la
perfecta armonía de Muratori, en L’Art Poétique
de Boileau y en los comentaristas aristotélicos,
establecerá que la literatura debe ser ante todo
didáctica a la par que lúdica, por lo que detrás de cada
obra deberá haber una intencionalidad moral.
Específicamente sobre las obras teatrales, exigirá que
se respeten las tres unidades clásicas de acción, tiempo
y lugar, que se observe con rigor la distinción entre
los géneros cómico y trágico, y que en ningún caso falte
la verosimilitud.
3.
Leandro Fernández de Moratín
Moratín es considerado el mejor dramaturgo del siglo
XVIII. Pese a que sólo escribió cinco obras, constituyen
lo mejor del teatro neoclásico español: El viejo y
la niña (1790), La comedia nueva o el café
(1792), El barón (1793), La mojigata
(1804) y El sí de las niñas (1806). Además,
habría que añadir dos adaptaciones tardías de obras de
Molière: La escuela de los maridos y El
médico a palos. Hombre ilustrado de personalidad
contradictoria, considerado un reaccionario pero a la
vez perseguido por los reaccionarios, afrancesado pero
profundamente preocupado por España, en sus comedias
seguirá entusiastamente la nueva preceptiva neoclásica
llegada a España con la Poética de Luzán.
4. El sí de las niñas
La obra más importante de Moratín es sin duda El sí
de las niñas, también la mejor obra teatral del
Neoclásico español. Tal como establecía la Poética
de Luzán, su intencionalidad didáctica es evidente:
estructurada en tres actos, tratará el tema de los
matrimonios por conveniencia, que Moratín considerará
como algo negativo si va contra la voluntad de los
contrayentes.
4.1.
Argumento
Doña Paquita es una joven educada en un convento de
monjas, tiene dieciséis años y está prometida con Don
Diego, un hombre adinerado, de cincuenta y nueve. El
casamiento ha sido concertado entre Don Diego y la madre
de ésta, Doña Irene, en el cual, la prometida no ha
tenido ocasión de opinar sobre su futuro. Paquita está a
su vez enamorada de un joven militar, Don Carlos,
sobrino de Don Diego, que ella conoce como Félix de
Toledo. El enamorado, con el objetivo de impedir la
boda, acude a ver a su amada a una posada, sin saber que
era su tío su futuro marido, quien desconocía el amor
entre ambos. Por las sospechas que tenía, Don Diego,
ordena a su sobrino que regrese al regimiento y éste se
dispone a obedecer, renunciando a la vez al amor de su
amada. Para informar a Doña Paquita, le envía una carta,
la cual llega a manos de Don Diego, que, comprendiendo
el amor entre los jóvenes, decide renunciar a su
matrimonio con la joven, y haciendo llamar a su sobrino,
hace posible la unión entre los dos enamorados, en
contra de los deseos de la autoritaria Doña Irene.
4.2.
Significación
Moratín propone en su obra un equilibrio entre los
jóvenes contrayentes (más exigentes cada vez, con
costumbres más relajadas) y los padres (que debían dar
por ley su consentimiento si el hijo que contrae
matrimonio es menor de 25 años): éstos, representantes
del orden social, deberán proponer sin imponer,
respetando la libertad de los contrayentes que, sin
embargo, deberán acatar en última instancia el permiso
final de sus progenitores. Es una “libertad decente”,
regida por la razón: el acuerdo entre las dos partes. Se
critica, en definitiva, la autoridad paterna cuando es
excesiva, considerando la obediencia, sin embargo, una
virtud moral que no se discute realmente. Una propuesta
poco avanzada pero suficiente para la época: Moratín no
será un revolucionario, pero tampoco un conformista; él
optará por la reforma serena, la adaptación del marco
social a los nuevos tiempos. Subyace en todo ello un
deseo de paz social, a la que ayudará por otro lado la
educación: ésta, bien entendida, contribuirá a la
estructuración de la sociedad. De ahí la necesidad de
que el teatro enseñe además que divierta.
Ediciones
· Moratín, La comedia nueva. El sí de las niñas,
Madrid, Castalia (edición de J. Dowling y René Andioc).
· Moratín, El sí de las niñas, Madrid, Cátedra
(edición de Emilio Martínez Mata).
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