|
BARROCO (I)
Culteranismo y conceptismo: Góngora y Quevedo
1.
La poesía barroca
Si bien en líneas generales durante el Barroco se siguen
cultivando las mismas formas poéticas y los mismos temas
que durante el siglo anterior renacentista, pueden
constatarse ciertos cambios que harán que podamos
considerar esta nueva etapa como algo realmente
diferente. Ante todo, aparece una nueva visión del mundo
mucho más pesimista, desilusionada e inestable,
que a su vez hace que se conciba la existencia humana
como algo sumamente efímero: la imagen de la
fugacidad del tiempo será muy recurrente en los
poetas de esta época. Siguiendo esta línea, y siendo
además la cultura barroca una cultura de contrastes,
el interés por la vida llevará aparejado el tema de la
muerte, así como el interés por los temas profanos irá
unido al interés por lo sagrado. El desengaño,
en fin, dará lugar también a la sátira política y a la
parodia de los temas renacentistas.
2.
Culteranismo y conceptismo
En su renovación de la estética clásica renacentista,
los poetas del Barroco perseguirán una
“aristocratización” de la literatura, fundamentalmente
conseguida a través de dos tendencias, el
culteranismo y el conceptismo, que
propiciarán a su manera un alejamiento del “vulgo”,
entendido en sentido intelectual (la gente ignorante).
– Por un lado los “cultos” (el término
“culterano” será creado despectivamente por sus
detractores) propondrán un esteticismo de iniciados,
basado en: la intensificación de los elementos
expresivos del lenguaje (que se condensan y reducen al
máximo); un vocabulario original y nuevo obtenido a
través de términos derivados directamente del latín
(lengua de la que también copian su particular
sintaxis); la armonía y musicalidad del verso; y un uso
brillante de la metáfora y la imagen.
– Por otro lado, los “conceptistas” (que
tacharán de “oscuros” a los culteranos), buscarán su
originalidad a través de la dificultad del concepto,
la sutileza de la idea, el rebuscamiento de la expresión
a través del juego con los significados.
Debe aclararse, no obstante, que en los distintos
autores no habrá una división radical entre partidarios
de una u otra tendencia: éstas se nutren entre sí, y los
poetas por lo general cultivarán ambas.
3.
Góngora
Considerado el mejor poeta barroco español junto con
Quevedo, Luis de Góngora mostrará ya desde sus inicios
en el mundo de las Letras, allá por 1580, una marcada
inclinación hacia la erudición. De formación plenamente
renacentista, recibirá influencias del petrarquismo
(Garcilaso), de la lírica tradicional del
Romancero y la lírica culta de los cancioneros,
e incluso también del mundo pastoril (con obras
como la Diana de Montemayor). En su obra,
reaccionará ya como hombre típico del Barroco: tras la
muerte de Fernando de Herrera, la lírica se había
estancado en las formas italianizantes con lo que
conocemos como “Manierismo”, y Góngora sabrá acercarse a
los orígenes mismos de la poesía y extraer nuevas
experiencias estéticas vivificando temas y formas
expresivas ya existentes mediante un original
procedimiento de transformación artística: el “gongorismo”,
la expresión más pura del culteranismo, que producirá
una nueva poesía cuya dificultad la haga especialmente
minoritaria, con entusiastas defensores y furibundos
detractores. Esta dificultad estará causada por un uso
peculiar de la lengua, con la introducción de
abundantes cultismos (las palabras nuevas derivadas
directamente del latín), la búsqueda de significados
cultos en palabras vulgares y metáforas comunes, el
empleo de perífrasis o rodeos al escribir, la
utilización de giros no usuales en la lengua común, el
hipérbaton (desorden en las palabras producido por la
imitación de la sintaxis latina) y la ausencia de nexos
relacionantes entre palabras y oraciones, un vocabulario
sonoro y de gran belleza sensorial, y el uso
indiscriminado de metáforas e imágenes de significado
frecuentemente oscuro; también estará causada por el
tratamiento de los temas, recreando
poéticamente los mitos clásicos (incluso los más
desconocidos) a menudo de forma velada. Todo ello, sin
embargo, complementado con un uso conjunto de
elementos populares con alto sentido poético.
3.1.
Obra
Salvo antologías, no se publicaron de forma conjunta sus
poemas, aunque sí nos han llegado como tal en el llamado
Manuscrito Chacón, que recoge un corpus de 94
romances auténticos (más otros atribuibles), 121
letrillas, 167 sonetos, 33 composiciones de arte mayor
(con versos largos) y 3 poemas extensos (Panegírico
al duque de Lerma, Fábula de Polifemo y Galatea
y las Soledades, su obra más característica,
donde el “gongorismo” alcanza su máximo esplendor).
La crítica tradicional ha querido ver una doble
vertiente poética en su obra: por un lado el “Góngora de
la luz” de las letrillas y el “Góngora de la oscuridad”
del Polifemo y las Soledades. Dámaso
Alonso afirma que no es acertado atribuirlo a dos etapas
“cronológicas”, pues sería en realidad algo
característico del dualismo barroco en general, que no
se corresponde con periodos cronológicos separados; sin
embargo Lázaro Carreter concluye que sí puede verse una
cierta evolución artística producida por la
intensificación de los elementos y la reelaboración de
los temas conocidos, existiendo por ello, efectivamente,
un cierto cambio de rumbo en su poesía; algo que por
otro lado atestiguaron sus contemporáneos.
4.
Quevedo
Francisco de Quevedo será el otro gran poeta del Barroco
español. Testigo excepcional de su época, en él se
hallan representados los sentimientos más
contradictorios del ser humano, lo que otorga una
modernidad y un valor universal a su obra. Supo,
asimismo, asimilar la cultura de su tiempo como problema
personal, y esto hará que a su vez la característica más
destacada de su poesía consista en la fusión de las
corrientes más opuestas: realismo e idealismo,
delicadeza y chabacanería grosera, vulgaridad y
aristocraticismo.
Su lírica resulta hondamente sincera, con un lenguaje
propio, y variadísima en sus temas. Laín Entralgo
distingue cinco líneas maestras: el amor a la vida, la
fragilidad de los bienes que el hombre consigue en este
mundo, la filosofía estoica, el problema del hundimiento
de España y la preocupación por la vida después de la
muerte; unidos al gran tema del amor, conformarán la
base de su poesía.
4.1.
Obra
No se publicará hasta después de su muerte, aunque ya en
vida fue un poeta famoso y sus poesías circularon de mil
maneras.
Su producción poética se puede agrupar en cuatro grandes
bloques:
1) Poesía metafísica: con temas como la
continua amenaza de la muerte, el tiempo y su acción
devastadora o el deseo de recuperación del sentido ético
de España. Aunque más importante que los temas será el
tratamiento que éstos reciben: es una poesía con
densidad expresiva y de significado.
2) Poesía amorosa: más de trescientas
composiciones atestiguan la importancia del tema en
Quevedo, pues representará un modo de trascender la
realidad (gracias al amor, la vida se enriquece
definitivamente). Reelaborará el código amoroso
renacentista incorporando elementos personales, y
aportando un sentimiento existencialista en muchos de
sus poemas (el amor entendido como única arma eficaz
para luchar frente a las devastadoras consecuencias del
tiempo).
3) Poesía satírico-burlesca: entre las sátiras,
muy conocidas, destacan las de temática política y
moralizadora, y las sátiras literarias (muy célebres,
las dirigidas contra Góngora); entre las poesías
burlescas, los temas preferentes serán la mitología y el
mundo caballeresco, y las “jácaras”, composiciones
burlescas sobre el mundo del hampa y la delincuencia.
4) Poesía de contenido político: a modo de
aviso a los poderes públicos y cortesanos de la
postración de España. Más que ataques directos a
personas, se tratará de evidenciar la falta de moralidad
y la ausencia de espiritualidad en los hombres públicos.
Ediciones
· Luis de Góngora,
Antología poética, Madrid, Castalia, “Castalia
Didáctica” (edición de A. Carreira).
· Francisco de Quevedo, Poesía varia, Madrid,
Cátedra (edición de James O. Crosby).
|