|
La Mancha, tierra del Quijote
Introducción
Es muy interesante la utilización de La Mancha por parte de
Cervantes puesto que esta zona de España era considerada una
zona de paso que conectaba el centro y norte de la península
con Andalucía, a diferencia del espacio literario de las
novelas de caballería, encuadradas en ámbitos legendarios de
sonoro renombre, como por ejemplo la tierra llamada
California, nombre dado por Gari Ordóñez de Montalvo a un país
ficticio en la novela de caballerías Las sergas de
Espladián (una continuación del Amadís de Gaula). Muy
probablemente Cervantes conociera La Mancha en el trasncurso
de su actividad como recaudador de impuestos en Andalucía para
la financiación de la Armada, tarea que, de hecho, le resultó
muy ingrata y penosa.
Miguel de Cervantes dice en el prólogo
de la obra que investigó los archivos de La Mancha ironizando
nuevamente sobre la importancia de esta tierra de nadie, lugar
inhóspito carente de palacios, archivos y bibliotecas.
Como La Mancha es un espacio yermo,
donde no existen los embrujos, los dragones, las princesas ni
ningún otro rasgo caballeresco, Don Quijote tiene que
inventárselos. De este modo, convertirá a los molinos en
gigantes y a las ventas en castillos.
1. Los
molinos de viento
Gracias a El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
tenemos conocimiento de los molinos que antiguamente se
desplegaban en las zonas altas de los pueblos de la comarca de
La Mancha. Se llamaban de viento porque gracias a él se podían
triturar los granos de los cereales cosechados. La parte
superior del molino, de color negro, formaba una cúpula y
hacía de techo, era giratoria. Esto permit'ia orientar las
aspas del molino en la dirección del viento. Las aspas, que
eran de madera, iban recubiertas por una gran tela, y el
viento, las movía al igual que se mueven las velas de un barco
velero. Para saber para qué lado debían orientarse las aspas,
se abrían los ventanucos de la parte superior del molino del
molino y se ponía un montoncito de harina, ésta volaba en la
direción contraria al viento, lo que permitía saber así de que
lado soplaba, entonces giraban toda la cúpula o techo para
aprovechar al máximo la dirección del viento y así poder
convertir los granos de trigo en harina.
2. La Mancha: pueblos y lugares
Estos hermosos y gigantescos
molinos los podemos encontrar a lo largo de toda La Mancha, en
sus pocos montículos, destacados entre las inmensas llanuras,
están en pueblos como Campo de Criptana, Alcázar de
San Juan, Consuegra, Mota del Cuervo, Herencia, etc.

A sólo 33
kilómetros de Madrid se encuentra
Illescas, donde se conservan cinco magistrales
cuadros de El Greco. Muy próximo a Illescas se levanta
Esquivias, donde vivió y contrajo matrimonio
Cervantes.
Ocaña cuenta con una armoniosa plaza Mayor del siglo
XVIII. Un pueblo de auténtico sabor manchego es Tembleque, con
su típica plaza Mayor. Consuegra con su viejo castillo y sus
blancos molinos, es una villa de antiquísima historia.
Orgaz brinda la ocasión de contemplar la poderosa
estampa de su castillo, el tipismo de su gran plaza Mayor, la
iglesia parroquial, el puente romano y varias e ilustres
casonas. Toledo es tierra de castillos y
fortalezas; muy próximo a la ciudad se alza el castillo de
Guadamur, uno de los más bellos de España, y en dirección a
Extremadura, en el pueblo de Barcience, su altísimo castillo
gótico del siglo XV.
El
castillo de Maqueda, del siglo XV, edificado sobre
otro de origen árabe, ha sido, por su estratégica situación,
escenario de importantes hechos de armas. A pocos kilómetros
de Maqueda, se halla Escalona, que muestra las ruinas del
soberbio Alcázar, del siglo XV.
Talavera de la Reina es la ciudad de mayor tradición
alfarera de Toledo. Su cerámica, de gran calidad y alto valor
artístico, es famosa en toda España. En el museo Ruiz de Luna
pueden admirarse objetos producidos entre los siglos XV y XIX.
Oropesa, Puente del Arzobispo y Lagartera son tres pueblos de
gran interés. El último debido a sus bordados y encajes.
Almagro es una ciudad sorprendente, con patios de
todas clases. Almagro es un paseo por la historia. Merecen una
visita la iglesia de los Dominicos, San Bartolomé, la de la
Madre de Dios, las ermitas de San Juan, San Blas o San
Francisco, así como la de San Agustín, hoy convertida en lugar
de exposiciones. La magnífica Plaza Mayor, destino de la
mayoría de los visitantes, sorprende por su estructura con
soportales de piedra. Fue engrandecida por los Függer junto a
otras familias, parientes o empleados. En ella se encuentra
también la Casa Consistorial que data también del siglo XVI.
3. Otros lugares quijotescos
“En un lugar de La Mancha de cuyo
nombre no quiero acordarme...”. Este lugar que Cervantes no
quiso mencionar fue el punto de partida de Don Quijote en
busca de aventuras. Se encontró con ventas que se imaginó
castillos; rebaños que confundió con ejércitos, y cuadrillas
de penitentes que él supuso que eran secuestradores de
distinguidas mujeres... Puerto Lápice es un
lugar de fácil acceso cerca de los Montes de Toledo cuando
éstos se convierten en cerros coronados por molinos de viento.
El nombre
de Puerto Lápice deriva de su cualidad de suave paso de esta
zona de baja montaña y su característica geológica de ser
tierra de piedra lapícea. Aquí estaban las ventas de Puerto
Lápice, que se convirtieron en municipio en el final del siglo
XVIII, en tiempos de Carlos III. Junto a su Iglesia
Parroquial, de Nuestra Señora del Buen Consejo se puede ver
una sencilla escultura de Don Quijote, al lado de una
magnífica venta que lleva el nombre del Hidalgo, y que es del
siglo XVII. En ella abundan las referencias al personaje
cervantino.
En aquella
venta –que él imaginó fortaleza- fue nombrado caballero por un
ventero –que él imaginó gran señor- en presencia de dos “mozas
de partido” que iban camino de Sevilla. De Puerto Lápice sale
una carretera en dirección a Alcázar de San Juan.
Es éste un lugar de larga historia, que creció en tiempos de
Roma.
Hay viejas construcciones y casonas donde aflora una bella
piedra de color rosado y que atestiguan la pertenencia a
destacados señoríos.
Hay una
polémica que afecta al lugar y es que éste compite con
Alcalá de Henares en ser el lugar natal de Miguel de
Cervantes. En 1748 se descubrió en la Iglesia Parroquial una
partida de bautismo de un tal “Miguel de Cervantes Saavedra”.
El conocimiento de Cervantes del entorno y los personajes
manchegos avalaría este origen también.
Siguiendo
en dirección este, a unos siete kilómetros está Campo
de Criptana. Es una parada obligada.
La imagen de Campo de Criptana nos recordará al Quijote. Sobre
el otero que domina al pueblo aparece un magnífico conjunto de
molinos de viento, una de las imágenes más famosas del
territorio.
Cerca de la zona de los molinos hay una serie de casas, de
blanco y azul, que tienen indudable belleza plástica.
El Toboso es un lugar de mucho encanto, no sólo por ser un
lugar cuidado, sino –sobre todo- por ser la cuna de Aldonza
Lorenzo, la “princesa Dulcinea del Toboso”.
Don Quijote pensó que un caballero sin
amor era como un árbol sin fruto o un cuerpo sin alma. Según
el relato, en un lugar cerca del suyo hubo una mujer, Aldonza
Lorenzo, de quien él un tiempo estuvo enamorado. La llamó
Dulcinea del Toboso, señora de sus pensamientos.
En la magnífica plaza un Don Quijote metálico se humilla en
amores ante la princesa local.
En Argamasilla de Alba
está la casa Medrano, en cuyo subsuelo -la cueva Medrano-
estuvo preso Miguel de Cervantes. Y donde pudo empezar a
escribir el Quijote, según la tradición.
En Ciudad Real se
puede visitar el Museo del Quijote, dedicado al caballero de
la triste figura. Tiene diversos elementos de interés, una
buena biblioteca y un Centro de Estudios dedicados a este
personaje literario de hondo sabor manchego. Dejamos Ciudad
Real por la carretera de Miguelturra. En el Quijote también
aparece el nombre de esta población, cuando un labrador “de
muy buena presencia” a quien “de mil leguas se le echaba de
ver que era bueno y buena alma” dijo a Sancho: “Yo, señor, soy
labrador, natural de Miguel Turra, un lugar que está dos
leguas de Ciudad Real”, a lo que Sancho replicó: “...sé muy
bien a Miguel Turra y que no está muy lejos de mi pueblo”.
Pues bien, de Miguelturra son famosos sus
carnavales y su gran iglesia barroca, de impresionante
estructura circular. Continuamos el viaje hacia Ruidera. Muy
cerca del lugar, aparece la Cueva de Montesinos,
donde el Quijote se introdujo en busca de encantamientos, en
un pasaje que alude a la búsqueda espiritual.
4. Gastronomía
La
cocina castellanomanchega -universalizada y
legitimada por Cervantes en El Quijote- es abundante
y sabrosa, variada como su geografía y, sobre todo,
contundente, pues su origen es eminentemente pastoril, basada
en productos de la tierra. Una cocina, aunque sobria, no
exenta de originalidad que se traduce en multitud de
peculiares y típicas recetas. Muchos de los platos que
conforman su amplio repertorio tienen su elemento
diferenciador en la condimentación que se les aplica.
La
gastronomía cuenta con algunas bazas fundamentales:
El famosísimo queso manchego, que es el
elemento unificador y definitivo de la región, realizado con
leche de oveja siguiendo técnicas artesanales con un riguroso
control que avala y acredita su autenticidad y calidad; el
aprovechamiento de productos naturales: verduras, legumbres,
frutas y hortalizas; la abundante y buena caza (mayor y menor)
de sus numerosísimos cotos y, por último, unos
maravillosos vinos: tintos, blancos, claretes,
rosados, ligeros, fuertes, espesos... según el gusto de quien
los beba y la comida que acompañen.
|