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ZAMORA
LOCALIZACIÓN
Es
una ciudad que está a orillas del río Duero, que cruza
la provincia de este a oeste, y a 647 metros de altitud.
Es también la capital de la provincia de Zamora y
pertenece a la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Se
encuentra enclavada en el cuadrante norocidental de la
Península Ibérica y limita con las provincias de Orense,
León, Valladolid, Salamanca y Portugal.
HISTORIA
Todo
indica que los primeros pobladores de estas tierras
fueron los Vacceos, gentes apacibles, dedicadas a la
agricultura y a la ganadería. Pero será la Roma Imperial
quien, consolidando los caminos marcados por Fenicios y
Cartagineses funda Ocellum Duri; una de las poblaciones
que destacaba en la calzada romana o Vía de la Plata,
que partiendo de Mérida llegaba a Astorga y cruzaba el
Duero por Zamora. De estos primeros contactos, con la
conquista y posterior dominación romana, datan las
crónicas de Viriato.
Tras las invasiones del norte por parte germana, Zamora
pasa a ser territorio visigodo y es entonces cuando
aparece el nombre de Semure, parece ser porque eran
originarios de una ciudad del centro de Francia llamada
Semur; otros dicen que Semure significa” Viejo Muro”. A
mediados del siglo VIII llegan los árabes a esta ciudad,
la llamarían Azemur, “Olivar Silvestre” y Samurah,
“Ciudad de las Turquesas”. Les agrada el emplazamiento y
construyen la quinta muralla que tuvo Zamora.
En el año 747, Alfonso I El Católico, rey de Asturias,
la recupera de los musulmanes, y es de nuevo destruida
por los árabes en el 879. Una vez más vuelve a pasar a
manos cristianas, con Alfonso II El Casto, rey de
Asturias, siendo de nuevo fortificada. Alfonso III El
Magno, rey de Asturias la repuebla con mozárabes
toledanos en el año 893, rodeándola de murallas,
palacios y baños, convirtiéndose, por su emplazamiento y
características, en la ciudad fortaleza más importante
de los reinos cristianos. Zamora es descrita por los
cronistas árabes, como “la capital de reino de Galicia,
rodeada de siete recintos amurallados y grandes fosos”.
En el año 901, los musulmanes son derrotados,
recordándose como el Día de Zamora lo que le dará el
sobrenombre de Numancia. Más tarde, Abderramán III la
cerca de nuevo, con un ejército de 100.000 hombres y la
denomina “La Fosa de Zamora”, porque para acceder a
ella, hay que caminar sobre cadáveres que cubren la fosa
hasta desbordarla. En el año 981 es tomada por Almanzor
y años después vuelve a manos cristianas
definitivamente.
Fernando I El Magno, rey de Castilla (1035-1065) y de
León (1037-1065)-, la repuebla definitivamente con
montañeses en el año 1061 y a él se deben la
reedificación de la ciudad y las primeras obras de
fortificación de las hoy conservadas que, posiblemente,
seguían el trazado de las de Alfonso III, convirtiéndola
en plaza inexpugnable y concediéndole Fuero.
Muerto
Fernando I en el año 1065, sus hijos varones le
sucedieron en los territorios que éste les había
atribuido. Así, mientras el primogénito Sancho era
proclamado rey de Castilla y el más joven de los tres,
el infante García, quedaba como soberano de la tierra
gallega y el segundo Alfonso, del reino de León.
Fernando I concedió a sus hijas, Urraca y Elvira la
totalidad de las temporalidades de los monasterios del
reino, los diezmos y los patronatos de León, juntamente
con las ciudades de Zamora y Toro.
Tras la muerte de la reina madre, doña Sancha, en el año
1067, ante la ambición de Sancho II -El Fuerte- de
unificar el reino y después de haber despojado de sus
tronos a sus hermanos, pone cerco a Zamora el 4 de marzo
del año 1072; un asedio que duró más de siete meses y
que los zamoranos resistieron dando pie al famoso dicho:
“no se ganó Zamora en una hora”. El aislamiento acabó el
7 de octubre con el magnicidio del rey Sancho a manos de
Bellido Dolfos, quien le engañó enseñándole el lugar por
donde podía entrar en la ciudad sin ser visto y, en
realidad, lo que hizo fue asesinarle; a esta puerta se
le conoce hoy como Portillo de la Traición. Muerto
Sancho II, su hermano Alfonso VI -El Bravo- vuelve de su
destierro en Toledo para recuperar el reino de León y
reclamar el de Castilla, tras jurar, en la iglesia de
Santa Gadea de Burgos, ante el Cid y los caballeros
castellanos, que no había participado en la muerte de su
hermano. Para evitar una nueva lucha fratricida
encarceló a su hermano García, privándole de su reino,
Galicia. De esta manera, y con la intervención de su
hermana Doña Urraca, unifica de nuevo los reinos,
quedando Zamora bajo la gobernación de Doña Urraca.
La edad de oro de Zamora es el siglo XII. Es en este
siglo cuando se configura su estructura urbana y se
construyen la mayoría de sus monumentos más
representativos. El estilo dominante de estas
construcciones es el románico, lo que le ha supuesto
merecida fama de “Ciudad del Románico”. La población va
en aumento y el perímetro urbano se sitúa ya fuera de la
primitiva muralla, por lo que se hace necesario, a
mediados de ese siglo, levantar una segunda
fortificación.
Durante el siglo XIII, y como consecuencia de la
reconquista avanzada ya hacia el sur, Zamora entra en un
periodo de tranquilidad. Aún así, al finalizar la Edad
Media, Zamora, era uno de los principales centros
urbanos del reino de León.
Las guerras con Portugal
devuelven a nuestra ciudad y a su territorio valor
estratégico; fue lugar de luchas de los Trastámara. En
el siglo XV, tiempo de los Reyes Católicos, es escenario
de las luchas que la Reina Isabel mantenía por el trono.
En Zamora, se estableció la corte de Juana -La
Beltraneja, sobrina de Isabel I la Católica-; pero sus
habitantes se declararon partidarios de los Reyes
Católicos. En la batalla de Toro o Castroqueimado,
acaecida el 1 de marzo de 1476, salió derrotado Alfonso
V de Portugal, consorte de Juana, consolidándose de esta
manera en el trono Isabel I de Castilla y Fernando II de
Aragón y V de Castilla .
En el siglo XVI, comienza el declive de la ciudad con
una notable regresión en su número de habitantes. La
situación mejora en el siglo XVIII, pero sufre un nuevo
revés con la guerra de la Independencia a principios del
siglo XIX. Los franceses, que ocuparon la ciudad desde
1809 hasta 1813, y el proceso desamortizador, fueron un
duro golpe para el patrimonio histórico-artístico que se
vio muy afectado.
En los últimos doscientos años ha experimentado un
desarrollo que, aunque lento, ha dejado algunas
construcciones importantes en la zona este, a extramuros
de la primitiva capital.
MONUMENTOS
Zamora tiene un conjunto
monumental importante, destaca el románico en muchas de
sus construcciones siendo considerada la ciudad que
conserva más monumentos de este arte.
Catedral:
es el monumento más representativo de Zamora. Data del
siglo XII y su estilo es románico. Su elemento
constructivo más destacado es la cúpula o cimborrio de
estilo bizantino.
Iglesia de la Magdalena:
Es también del siglo XII, al igual que la catedral.
Destaca fundamentalmente el ábside y la portada sur,
considerada como una de las de más rica ornamentación de
todo el románico zamorano.
Iglesia de San Isidoro:
Fue construida en el siglo XII pos Sancha, hermana del
rey Fernando VII. Se encuentra muy cerca de la catedral
y la muralla.
Castillo:
esta situado frente a la catedral. El castillo está
integrado por dos recintos de diferente forma.
Murallas: en la
ciudad de Zamora se pueden contemplar las murallas que
rodean la ciudad y que se empezaron a construir en el
siglo XI con Fernando I.
GASTRONOMÍA
Enmarcada
por las características propias del terreno la
gastronomía de Zamora es rica en productos autóctonos
naturales y de primera calidad. Entre las legumbres
tienen fama los garbanzos de Fuentesauco, finos y
mantecosos, y los habones de Sanabria. En cuanto a los
productos cárnicos destaca la ternera de Aliste y
Sanabresa o el lechazo y no podemos olvidar los
productos chacineros curados.
Aunque
es una provincia de interior, mantiene desde siempre una
predilección por el pescado, justificado por los
abundantes ríos que atraviesan Zamora, así las truchas y
cangrejos de sus ríos son productos de gran valor. El
bacalao y el pulpo tienen gran importancia en este
apartado, debido a que el bacalao era un alimento
económico durante la Cuaresma y el pulpo por su fácil
accesibilidad a través de la puerta hacia Galicia, que
es la comarca de Sanabria.
En cuanto a los vinos, son vinos de alta calidad y
merecen una mención especial los de Toro, con
Denominación de Origen, los de la Tierra del Vino, los
de los Arribes del Duero y los de los Valles de
Benavente. El queso Zamorano de oveja, con Denominación
de Origen, es otro producto de gran valor y calidad, con
un sabor muy característico que solo lo da esta tierra.
Por último, en la repostería tradicional destacan
productos como los rebojos, las cañas zamoranas y los
dulces de las monjas.
FIESTAS Y TRADICIONES
La provincia de Zamora
posee una riqueza excepcional que permite encontrar en
cualquier época del año una celebración digna de
reseñar. Es posible seguir, a lo largo de todos los
meses del año, un mosaico continuado de manifestaciones
festivas.
Las fiestas de Zamora se centran, sobre todo, en la
época primaveral y veraniega; aunque de un tiempo a esta
parte, la celebración del Carnaval se está manifestando
con especial importancia. Es tiempo de mascaras, coplas
y disfraces que inundan las calles de la ciudad, hasta
el tradicional entierro de la sardina que da por
terminada la
fiesta.
El triunfo de la Cuaresma, impone siete semanas donde
apenas hay fiestas.
La primera gran fiesta zamorana llega con la Semana
Santa, en la que la ciudad ha destacado en toda Castilla
por su sobria belleza. Aunque se celebra en muchos
pueblos de la provincia, sin duda, la que muestra un
mayor conglomerado de tradiciones, sentimientos y
vistosidad, es la de la capital. No hay acontecimiento
popular y festivo mayor que la Semana Grande de la
capital, en la que zamoranos de todos los pueblos y
miles de personas de todas partes, se acercan a estas
tierras para contemplar un hecho que aglutina rito y
pasión. La Semana Santa de Zamora, cuenta con la
tradición histórica de algunas procesiones e, incluso,
cofradías de los siglos XV y XVI. El carácter de los
zamoranos, el marco incomparable donde se escenifica y
la sobriedad de sus manifestaciones la han convertido en
un acontecimiento de Interés Turístico Internacional.
En cuanto a romerías, todas de gran tradición y
participación popular, la primera que se celebra es la
del Cristo de Valderrey, que tiene lugar en los
alrededores de la ciudad. Hay una procesión en el bosque
de Valorio con la Virgen de la Guía. Pero, la más
popular y oficial de Zamora, es la Romería de La
Hiniesta, que se celebra el lunes de Pentecostés. En
ella, la Virgen de la Concha y su hijo son llevados en
procesión hasta el vecino pueblo de La Hiniesta, donde
se venera a la Virgen de La Hiniesta. Al encontrarse las
dos imágenes, tiene lugar el tradicional “Baile de los
Pendones”. Los alcaldes de ambas localidades
intercambian sus bastones de mando y los ciudadanos
confraternizan en el popular y atractivo bosque de
Valorio.
Siete siglos de tradición sustentan a esta fiesta, que
tiene sus orígenes en la talla de la Virgen que
encontró, en el lugar que hoy ocupa la localidad de La
Hiniesta, el rey Sancho IV cuando se hallaba de caza. La
Virgen fue llevada a Zamora y allí permaneció, el tiempo
que se tardó en construir la grandiosa iglesia en su
honor, por mandato del rey.
La Virgen de la Concha, en cuyo templo había sido
depositada la de La Hiniesta, acompañó a ésta hasta su
nueva casa el día de la inauguración y desde entonces,
cada año se repite su visita. La romería dura todo el
día hasta que, ya al atardecer, regresa la Virgen y su
hijo por los campos floridos hasta la iglesia de San
Antolín, la cual los recibe entre repiques y cohetes.
Frente a estas fiestas religiosas, al comienzo del
verano, la ciudad se llena de bullicio y alegría con las
Ferias de San Pedro. El 29 de junio, la provincia entera
y otras gentes que llegan del exterior, acuden atraídas
principalmente por dos acontecimientos que dan carácter
a estas fiestas, desde tiempos lejanos. El primero es un
olor inconfundible que se adueña por entero de la ciudad
con la Feria de Ajos, en la que miles de ristras,
perfectamente trenzadas, inundan la Avenida de las Tres
Cruces y la convierten en un enorme expositor y en la
que se realizan importantes transacciones comerciales en
frente del público. (La tradición dice que hay que
proveerse de ajos para todo el año). El segundo
acontecimiento protagonista de las ferias es Feria de la
cerámica. La Plaza de Viriato y sus proximidades ofrecen
su espacio para llenarse de múltiples formas de barro
cocido. Tanto la cerámica popular o alfarería como la
artística y de nuevas tendencias, se dan cita cada año
en Zamora, congregando a los alfareros más importantes
del país, con presencia además de portugueses e
iberoamericanos, convirtiéndola de este modo en una de
las más importantes de toda España.
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