CUELLAR Y PEÑAFIEL
LOCALIZACIÓN
Cuéllar
se encuentra a 60 kms. al Norte de la capital segoviana y a 50 Kms.
al Sur de Valladolid.
Los Kms. que hay desde Madrid podremos hacerlos bien por Segovia
capital o desde la carretera Madrid-Burgos desviándonos con dirección
a Cuéllar en Cerezo de Abajo.
CLIMA
El clima en general de Cuellar es soleado en
verano y primavera, y con temperaturas suaves el resto del año.
HISTORIA
Cuéllar,
asentada desde la prehistoria sobre varias colinas y rodeada de la
mayor extensión de pino resinero de Europa es el núcleo de población
más importante de la provincia de Segovia, con 9200 habitantes.
Se define esencialmente como "Villa Mudéjar".
Cuando paseamos por sus viejas y empinadas calles nos sorprende la
gran riqueza monumental que el paso de la historia ha ido dejando en
las calles y los edificios de la Villa: Palacios, casas blasonadas,
arquitectura popular, conventos, castillo... y sobre todo las
iglesias, con sus torres de piedra, marcan y definen el perfil de Cuéllar.
Repoblada a partir del siglo XI, fue sobre
todo en el siglo XII cuando llegó el esplendor económico basado en
la economía ganadera de la lana. Esta riqueza permitió que en sólo
un siglo se construyeran más de una decena de iglesias mudéjares,
tomando el ladrillo como material básico para sus portadas y ábsides,
la medra para sus techumbres artesonadas y los muros de mampostería
en piedra caliza para el resto de la construcción. Todas ellas
hacen de Cuéllar el núcleo más rico en Mudéjar de Castilla y León.
Además hay que señalar que fue esta una población donde
convivieron en buena armonía las tres culturas medievales de la península:
judíos, moros y cristianos. Fruto de esta convivencia quedan
vestigios como la judería, la calle de la Morería o la necrópolis
musulmana de Santa Clara, auténticos testimonios en el amplio
conjunto histórico medieval.
MONUMENTOS
"El
Castillo habitado"
Se trata de una visita teatralizada en "El Torreón de la
Memoria" y en las bodegas del castillo, donde nos sorprenderán
todos los fines de semana del año distintos personajes dando vida a
sus pequeñas batallas, historias o los sufridos trabajos que se
realizaban durante la Edad Media.
Reyes y obispos, nobles y criadas, dueñas y
mancebos nos llevan de la mano por los rincones del castillo y nos
sumergen en un mundo de guerras, de amores y odios; nos muestran las
historias que se refugiaban en las cocinas, en los puestos de
guardia y entre las manos de las costureras.
Una propuesta donde la historia y el patrimonio cobran vida. Dos
espectáculos originales, diez escenarios distintos.
Las bodegas: el mundo de los de abajo, de los sirvientes:
pintanceros, artesanos, espíritus del vino.
El Torreón de la Memoria: el Rey, los nobles, la historia abierta
con sus intrigas y sus puntos más oscuros. Desde el granero hasta
el rincón de Espronceda.
Varios personajes históricos: Pedro I el
Cruel, Juana de Castro, María de Padilla, Diego Gutiérrez Ceballos,
Obispos de Salamanca y de Ávila, José de Espronceda y recreados:
Toribio (sirviente), Hidalgo don Manfredo, Clodulfo (escudero),
Rebolledo (soldado), Felicia (dueña), Ataulfo (jefe de la guardia),
Cotufo el Pitancero, Kurda y Chispa (espíritus del vino), Maestro
de obra y artesanos.
El Centro de Interpretación del Mudéjar,
en la iglesia de San Martín, a través de la imagen, la música y
la palabra, podremos comprender un arte, el mudéjar,... participar
en su construcción... comprobar cómo convivían en el siglo XII
las tres culturas existentes
El
Centro de Interpretación de los Encierros.
En la iglesia de San Francisco se ofrece un espectáculo multimedia
para disfrutar de una nueva forma de ver los juegos populares con
toros y comprender una cultura donde se combina riesgo, rito y
respeto a los animales.
Cuatro salas, con las tecnologías más modernas, nos llevan de la
mano para hacernos vivir un encierro diferente. Es el encierro que
nosotros mismos vamos creando, según damos vida a nuestros propios
mitos sobre el toro, según recreamos riesgo, valor, fiesta... en el
juego eterno del hombre y el toro.
Cada uno es aquí el protagonista: la historia, los rituales y las
fiestas populares están a nuestros pies. Vivimos un encierro que va
más allá de Cuéllar. Es un encierro eterno, que se repite cada año
aquí y allá, en Peñafiel, en Íscar, en Tudela de Duero, en
Medina del Campo, en Pamplona... en cada lugar que mantiene desde
los siglos medievales este ritual de riesgo, de vida y de muerte, de
fiesta y de tradición.
Monumentos de interés. Iglesias y
conventos.
A
pesar de que el gran momento de la arquitectura medieval fue el
siglo XIII, ya en el siglo XI se había construido la románica
iglesia de San Pedro, situada en la parte baja de la Villa. Es el
remate del segundo recinto amurallado de la ciudad, sirviendo su ábside
de bastión defensivo de una puerta fortificada que se conservaba
junto a la iglesia hasta principios del siglo XX.
San Esteban. En la parte alta de la villa, sirve cómo espolón que
cerraba el muro de la ciudadela. Esta iglesia nos ofrece el ábside
más representativo del mudéjar castellano, así como cuatro
sepulcros de alabastro en el interior, de este mismo estilo, pero
del siglo XVI. Forma un interesante conjunto con su necrópolis,
recientemente recuperada como Parque Arqueológico Medieval de San
Esteban, donde se muestran tenerías, pozos de nieve, silos de
alimentos y tumbas antropomorfas.
San Andrés. Extramuros de la ciudad, tiene una de las plantas más
perfectas del arte mudéjar. Una nave central y dos laterales
rematan en un triple Ábside de arquerías y casetones de ladrillos
que se prolongan en el exterior de los muros de las dos naves
laterales. Interesante en su interior es su gran riqueza escultórica,
representada sobre todo por un Calvario románico, sin olvidar las
pinturas mudéjares recientemente descubiertas en sus ábsides.
San Martín. De las iglesias propiamente mudéjares hay que destacar
San Martín por su conservación, restaurada por la Escuela Taller.
Es la primera donde hemos podido ver el mudéjar en estado puro,
libre de yesos y escayolas de otros siglos. Este templo en la
actualidad alberga el Centro de Interpretación del Arte Mudéjar.
Santiago. De este antiguo monumento sólo se conserva su ábside.
Muy interesante de visitar porque permite apreciar las arquerías de
ladrillo, el juego de las ventanas en saetera o la excelente vista
que desde este lugar se ve en el horizonte: "El mar de
pinares".
El Salvador. Se trata de una iglesia mudéjar con un ábside de
arquerías y casetones de ladrillos, donde destacan unos imponentes
arbotantes que sirven de contrafuertes al propio ábside. También
hay que destacar su esbelta torre situada a los pies de la iglesia.
Otras iglesias a destacar por su arquitectura mudéjar son la de
Santa María de la Cuesta, la iglesia de la Trinidad, la iglesia de
Santo tomé, la iglesia de San Miguel o la torre de la antigua
iglesia de Santa Marina, excelente ejemplo de arquitectura mudéjar
castellana.
En cuanto a los conventos conservados, podemos hablar de la zona de
Los Paseos de San Francisco como un espacio conventual propio. Aquí
se encuentran tres fundaciones importantes: San Francisco, el más
destacado de la Villa por estar destinado como lugar de
enterramiento de la Casa Ducal de Alburquerque y parte de la nobleza
cuellarana. No en vano fue considerado como una catedral. Aunque su
ruina, expolio y abandono a principios del siglo XX hicieron temer
su definitiva desaparición. En los últimos años, se está
recuperando, habiéndose restaurado las capillas laterales, que
recientemente se han convertido en Centro de Interpretación de los
Encierros. Santa Ana, se conserva gran parte de su arquitectura del
siglo XVI, aunque fue modificada desde la desamortización cuando
pasó a manos privadas. La Concepción, Templo Barroco del siglo
XVIII, levantado sobre otro anterior del siglo XVI. En su interior
conserva un importante retablo de Pedro Bolduque. Actualmente está
ocupado por una pequeña comunidad de monjas de clausura. Al sur de
la Villa, junto a la carretera CL 601, se encuentra el convento de
Santa Clara, monumento del gótico final con portada y claustro
renacentistas. En su interior conserva el retablo mayor, un Cristo
románico e importantes restos de la Casa Ducal de Alburquerque
trasladados desde la iglesia de San Francisco.
Castillos, Arcos y Murallas
Si hay
algo que define a Cuéllar además del conjunto de sus iglesias mudéjares,
es que se trata de una gran ciudad amurallada. Así desde cualquier
punto de nuestro recorrido podremos contemplar amplios trazados de
las distintas líneas defensivas. Dos recintos amurallados dominados
por el castillo y reforzados por una contramuralla definen esta
ciudad fortificada. Se conservan importantes puertas como las de San
Basilio, San Martín y San Andrés. Y arcos como el de San Santiago
o el de la Judería. Pero de todo este conjunto defensivo el de
mayor importancia es el Castillo-Palacio de los Duques de
Alburquerque, el edificio más emblemático de la Villa. Sobresalen
en él sus potentes torreones, y un amplio Patio de Armas con una
galería en la fachada sur; ambos renacentistas. Hoy es instituto de
educación y una parte se utiliza para visitas turísticas con
representaciones teatralizadas.
Palacios, casas nobles y arquitectura
popular
En Cuéllar
aun quedan calles con ese sabor antiguo donde podemos conocer como
era la vida en los siglos pasados. Pasear por la Villa es admirar
sus palacios, sus casas blasonadas o su arquitectura popular
construida a base de entramado de madera y adobe o bien de mampostería
de piedra caliza. Así, destacaremos el Palacio del Rey Don Pedro I,
uno de los pocos casos de arquitectura románica civil o el Palacio
de Santa Cruz, ejemplo de un mudéjar civil muy tardío. Igualmente
no podemos dejar sin comentar el Estudio de Gramática fundado en el
siglo XV o las casa nobles de los Daza, Rojas o Velázquez en la
calle de San Pedro.
PEÑAFIEL: LOCALIZACIÓN
La
Villa de Peñafiel es el centro de la Comarca, situada en una
encrucijada de caminos y culturas, a 56 Km. de la capital
vallisoletana, en dirección este, a 35 minutos. Desde Madrid son
algo más de 175 kms: 1 hora, 45 minutos. Se puede llegar por la
Nacional I y luego Aranda de Duero, o sino se puede venir por la
carretera de Segovia o por Cuellar
CLIMA
El clima de Peñafiel es muy riguroso en
invierno, con numerosas nieblas, ocasionadas por la vega del río
Duero. El resto del año es más moderado aunque fresco.
HISTORIA
Su origen se remonta a culturas prehistóricas,
aunque es durante la Reconquista cuando se asienta un núcleo urbano
al pie del cerro que domina el castillo.
A principios del siglo X Penna Fidele se erige como plaza fuerte
frente al Islam, pasando a depender a finales de siglo del Condado
de Castilla. Con Sancho García, adquiere una posición privilegiada
como castillo de frontera.
Morada de reyes y nobles, sus muros recuerdan la estancia de Doña
Urraca, Fernando III o Alfonso X, aunque fue, sin duda, Don Juan
Manuel, el gran señor de la Villa, eligiéndola como el lugar
preferido de todos sus estados. Especialmente significativo fue el
nacimiento en la Villa del príncipe de Viana, Don Carlos.
A partir del siglo XV, Don Pedro Girón, Maestre de la Orden de
Calatrava y conde de Urueña, se hace con el Señorío de Peñafiel.
Desde entonces éste permanece en poder de la familia Girón hasta
el siglo XIX, ostentando los títulos de marqueses de Peñafiel y
duques de Osuna.
No es de extrañar el desconocimiento que existe sobre el Marquesado
de Peñafiel cuando más de una centuria de silencio ha campado por
estos pagos. Nuestros pueblos han ido olvidando -no se sabe si
queriendo o sin querer- sus propias señas de identidad, sus raíces.
Peñafiel es un caso más, que habituado a ver por su castillo,
calles y edificios el escudo de los Téllez-Girón, desconoce que
Felipe II creó un Marquesado con este título para los primogénitos
de la Casa de Osuna.
Desde
que el 1 de octubre de 1556 Felipe II otorgara el Marquesado de Peñafiel
a Don Juan Téllez-Girón y Guzmán, "acatando los muchos
buenos y leales servicios que nos ha hecho y los que esperamos que
él y vos nos haréis de aquí adelante", que con el tiempo se
convertirá en 11 Duque de Osuna, el título quedó ligado a los
primogénitos de esta Casa Ducal. Por ello el Marquesado recae en la
actualidad sobre Doña Ángela María Solís-Beaumont y Téllez-Girón,
XVII Duquesa de Arcos desde 1956, hija mayor de la XVI Duquesa de
Osuna, doña Ángela María Téllez-Girón y Duque de Estrada, y de
su primer esposo Don Pedro Solís-Beaumont y Lasso de la Vega, XVI
Duque de Arcos.
De este modo, el Marquesado de Peñafiel viene a recordar la
historia de su predecesor del siglo XV, el Ducado de Peñafiel, cuyo
único titular, el infante Don Juan de Aragón llegó a ser Rey de
Navarra y de Aragón y casó, en segundas nupcias, con Doña Juana
Enríquez, madre del futuro Fernando el Católico y tía del I Duque
de Medina de Rioseco. Dicha Casa Ducal, ya desaparecida la línea
masculina que enlazaba con el fundador, entroncó en 1736 con la de
Benavente.
Más adelante, por enlace
matrimonial de los Benavente y los Osuna, pasó a esta última y,
desde 1982, es su titular como Duquesa Doña María de la Asunción
de Latorre y Téllez-Girón, hija menor de la XVI Duquesa de Osuna y
de su segundo esposo don José María de Latorre y Montalvo. La
Duquesa de Medina de Rioseco es, por tanto, hermana de la Marquesa
de Peñafiel. Ambas tienen otras dos hermanas: Doña María de la
Gracia Solís-Beaumont, XIX Duquesa de Plasencia, y doña Pilar de
Latorre, XV Duquesa de Uceda. Cabe apreciar, pues, las hondas raíces
históricas del marquesado, que nos traen el recuerdo de algunos de
los linajes de más abolengo en la Castilla de antaño y en la España
de hogaño.
MONUMENTOS
El castillo-Museo
del Vino
Peñafiel representó el principal hito castrense del rosario de
castillos alineados en la frontera cristiano-árabe. Es la fortaleza
mejor conservada, exceptuando las reconstruidas.
El Castillo-Museo del Vino, está situado en un cerro estratégico,
que domina los valles Duratón y Botijas, en su confluencia con el río
Duero.
Declarado Monumento Nacional en 1917, es considerado como una de las
más bellas fortificaciones del medievo, y se le ha comparado poéticamente
con un inmenso barco. Su aspecto actual responde a diferentes
construcciones: la primera se debe a finales del siglo IX o
principios del X, se reestructura a finales del XI, Don Juan Manuel
lo restaura en el siglo XIV, y nuevamente es construido a mediados
del siglo XV.
La primera fuente documentada es de 943 en que aparece como castillo
en territorio de Asur Fernández, conde de Monzón, súbdito del rey
leonés Ramiro II. En 983 cayó en poder de Almanzor. Después de su
conquista por Sancho García (1008), éste rehizo la fortaleza árabe
con una nueva construcción en otro sitio mejor situado. En 1110
detenta la plaza, en nombre de Alfonso I "el Batallador",
rey de Aragón, el célebre Alvar Fáñez del "Poema del Mío
Cid", quien la defendió heroicamente contra los musulmanes y
sufrió un asedio de Alfonso VI de Castilla. En 1112 estuvo cercado
Alfonso I por su mujer doña Urraca de Castilla.
La fortaleza pasó por épocas
de cierto abandono pues, en 1294, Sancho IV reprendió a don Juan
Manuel por tenerla en mal estado; éste empezó, en 1307, unas
murallas que fueron reedificadas en 1345.
Mandado derribar en 1341 por el rey Juan II, a causa de la rebelión
ejercida desde él por el infante don Juan de Aragón, fue Enrique
IV el que autorizó, en 1456, a don Pedro Girón, Maestre de
Calatrava, la reedificación del castillo. Este es el que se
conserva actualmente.
Fue lugar de reunión del rey Fernando I y Rodrigo Díaz de Vivar
para organizar la expedición contra Portugal. Posteriormente fue
usado como palacio, también sirvió de prisión y, en 1917, fue
declarado Monumento nacional.
Hecho con piedra de Campaspero, con la técnica arquitectónica del
gótico germánico. Han desaparecido algunas almenas, canecillos y
marlones, pero en sus muros no hay grietas ni desperfectos.
Consta de dos recintos:
· El exterior, recio y liso, que quizá corresponda al siglo XI,
presenta una sola puerta, defendida por dos cubos que son los únicos
construidos en sus muros.
· El segundo, de finales del siglo XIII o principios del XIV, está
formado por una fortísima torre del homenaje (de planta rectangular
y coronada por ocho torrecillas cilíndricas y cuya entrada debió
ser a través de un puente levadizo) y cortinas de murallas que se
apoyan en treinta torres redondas. En su interior hay dos plantas
con bóveda de piedra; la inferior pudo hacer las veces de prisión.
El
castillo mide 210 metros de largo por 33 de anchura. La torre del
Homenaje, en la que campea el escudo de los Girón, tiene 30 metros
de altura y 14,5 por 20 de base.
Dos patios flanquean la Torre: el patio norte albergaba los algibes
y almacenes, y el sur las caballerizas y guarniciones. Actualmente,
en este patio Sur se ubica el Museo Provincial del Vino.
Toda la villa estuvo rodeada de murallas que bajaban desde los
extremos del castillo. El perímetro total abarcaría unos 2.200
metros y tenía cinco puertas. De estas murallas se conservan 4
cubos, dos al sur y dos al norte, y diferentes paños.
En el recorrido por las diferentes salas se muestra la cultura del
vino y los aspectos relacionados con la producción, desde que la
uva nace en el viñedo hasta el consumo, pasando por las diferentes
materias estrechamente relacionadas con la viticultura. Es el punto
central del vino de Castilla y León.
En la planta baja del Museo se explica la planta de la vid, la
viticultura, la vinificación, los artesanos del vino, los útiles
de medida, la crianza y la reserva, los consejos prácticos para
degustar los diferentes vinos, la cata, la calidad, el consumo y
comercialización. En la planta superior se explica el vino y la
relación con la mitología, con la Historia, la Literatura y el
Arte, y con las fiestas y la gastronomía.

Existió otro castillo-palacio, a orillas
del río Duratón, edificado por Alfonso X, que perteneció a don
Juan Manuel, cedido por éste al monasterio de San Pablo, del que no
quedan vestigios al haber sido incorporado a dicho monasterio en
sucesivas ampliaciones.
PLAZA DEL COSO
La
plaza del Coso es el lugar de Fiestas y Tradiciones, el tradicional
Corro de los toros, donde se vienen celebrando los festejos taurinos
desde la Edad Media. Se trata de un espacio rectangular de
aproximadamente tres mil quinientos metros cuadrados cuyas viviendas
conservan en su arquitectura el trazado medieval.
Son viviendas de dos y tres pisos de altura cuyos balcones lucen
vistosos arabescos de madera, que sirven de palcos para observar los
festejos taurinos de Nuestra Señora y San Roque, que anualmente se
celebran a mediados de agosto desde la Edad Media. Las fiestas son
tan espectaculares que han sido declaradas de Interés Turístico
Regional.
En esta plaza los propietarios de las viviendas alquilan sus
balcones para ver los festejos taurinos, pero la plaza conserva,
además, uno de los derechos consuetudinarios más curiosos,
conocido por estas tierras como Derecho de Vistas. Los propietarios
de este derecho les permite ver los festejos de forma gratuita por
poseer la titularidad del balcón durante los días que se celebren
las fiestas patronales. Contempla, además, una de las mejores
vistas del Castillo.
IGLESIA DE SAN PABLO
La Iglesia y convento de San Pablo fue en su
origen un alcázar, que fue mandado edificar por el rey Alfonso X,
el Sabio. En 1324, su sobrino, Don Juan Manuel, lo convierte en
convento para los dominicos, para ello amplia la iglesia y la
modifica utilizando el estilo gótico-mudéjar, con la intención de
convertirse el altar mayor en su última morada.
En 1536, otro Don Juan Manuel, señor de Belmonte, y biznieto del
infante, modifica la nave del evangelio y construye una capilla
funeraria para albergar los restos de la familia Manuel, construyéndolo
en el más puro estilo plateresco. La fachada mezcla, por tanto,
ambos estilos y materiales arquitectónicos, provoca un gran
atractivo artístico.
Recientemente se ha llevado a cabo la restauración de la capilla
del Príncipe y el sepulcro yacente. En ello se realizó la exposición
titulada "El poder de Castilla en los siglos XIV al XVI. Los señores
de Peñafiel".
TORRE DEL RELOJ
Es el único vestigio de la desaparecida
Iglesia de San Esteban. Este templo, por su estructura probablemente
románico, fue fundado en 1086 para conmemorar la victoria de los
castellanos sobre el caudillo almorávide Alí.
La torre, en la que se colocó el reloj de la villa en el siglo
pasado, es de estilo gótico. Se levantó doscientos años después
de la primitiva iglesia.
IGLESIA DE SAN MIGUEL
La Iglesia parroquial de San Miguel es
construida a finales del siglo XVI con la sobriedad de la
arquitectura religiosa del final del Renacimiento. El interior es de
tres naves con crucero cubierto con cúpula que descansa sobre
pechinas. En el lado del Evangelio conserva la cabecera de una
iglesia románica de finales del siglo XII.
Conserva diversos retablos barrocos que están
dedicados a las lágrimas de San Pedro, San Roque, el retablo mayor
a San Miguel, San Francisco de Borja, Santa Teresa de Jesús, el
retablo mayor de San Salvador de los Escapulados, el Nazareno o el
del Carmen, además del Calvario. Algunos de ellos han sido
restaurados para poderlos observar en todo su esplendor.
IGLESIA DE SANTA MARIA
Esta iglesia recibía antaño el nombre de
Santa María de Mediavilla, por encontrarse en el centro de la
población y constituyó siempre el corazón de su vida religiosa.
En ella se alberga la patrona, Nuestra Señora de la Asunción; en
esta iglesia se reunía el cabildo de las parroquias de Peñafiel y
todavía se conserva, cerrado con una gruesa reja, el archivo de los
hidalgos de la villa.
Aquí existió probablemente una iglesia desde el momento de la
reconquista en el siglo X. Sin embargo los restos más antiguos que
conservamos son ya de estilo románico, del siglo XII (la puerta del
antiguo osario). La iglesia actual ha sufrido numerosas reformas y
ampliaciones de modo que presenta elementos de casi todos los
estilos artísticos: gótico (bóvedas de crucería de la nave
principal y laterales; imágenes de culto de Cristo y de la Virgen)
renacentista (puerta principal y coro, así como retablos
platerescos), barroco (torre, ábside y la mayoría de los retablos
y el presbiterio).
La iglesia en la actualidad alberga el Museo Comarcal de Arte Sacro,
que constituye unos de los museos artístico - religiosos más ricos
de Castilla y León.
MUSEO COMARCAL DE ARTE SACRO
En el interior de la iglesia de Santa María,
las piezas reunidas en este museo se han organizado en diversas
secciones: imágenes de la Virgen, de Cristo, de los Santos,
Orfebrería e Historia.
En el nivel de entrada se comienza por la sección de La Virgen. Aquí
pueden admirarse tallas románicas (siglo XII), góticas (siglos
XIII y XIV), el retablo y la imagen de la Asunción, patrona de Peñafiel,
ricamente ataviada con vestidos bordados y coronas de plata (siglo
XVIII); los retablos gemelos de estilo rococó de San Felipe Neri y
de la Dolorosa (siglo XVIII).
En la nave principal se ha mantenido la parte delantera libre para
las actos religiosos y culturales que tienen lugar en esta iglesia.
Destaca el Retablo mayor barroco (siglo XVIII), la impresionante
custodia barroco (siglos XVII-XVIII) y las tumbas con escudos de las
familias nobles e hidalgas de Peñafiel (siglos XVI-XVIII).
La segunda mitad de la nave está dedicada a las Imágenes de
Cristo, donde se han reunido esculturas góticas (siglo XIV) y dos
piezas extraordinarias: la gran cruz procesional de plata de
Pesquera de Duero (siglo XVI) y el retablo plateresco de San Miguel
de Peñafiel (siglo XVI).
Pasando bajo la tribuna plateresca del coro, con el escudo de los señores
de Peñafiel, los Téllez Girón, entramos en la sección de Imágenes
de los Santos. Entre otras magníficas piezas hay pinturas de uno de
los mejores pintores castellanos del siglo XVI, el Maestro de Osma,
y un retablo plateresco perfectamente conservado (siglo XVI) y que
se expuso en la muestra Las Edades del Hombre.
Comienza a continuación la Colección de Orfebrería, que sigue en
la planta superior. En ella se realizó la extraordinaria colección
de cruces procesionales procedentes de toda la comarca y que fue la
más completa de las que pudieron contemplarse en toda Castilla y León.
Están realizadas en plata entre los siglos XIV y XVII y su estilo
abarca desde el gótico hasta el barroco.
IGLESIA DE SANTA CLARA
La Iglesia de Santa Clara se edifica en
1698, aunque la fundación del convento es de 1607. Su planta
octogonal se cubre con una cúpula elíptica y está decorada con
vistosas yeserías y pinturas de finales del siglo XVII. Varios
retablos barrocos decoran sus muros.
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